Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, Juan María González-Anleo Sánchez es uno de los investigadores capaces de radiografiar a los jóvenes sin caer en juicios rápidos que etiqueten a quienes son su objeto de estudio. A su capacidad para interpretar datos y aunarlos con su don para observar y captar tendencias a pie de calle, se une un buen hacer comunicativo, lo que le hace un imprescindible como investigador dentro del informe Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM.
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PREGUNTA.- Cuando empezaron a tabular los datos y comenzaba a esbozarse el retrato robot de esta generación, ¿le impactó el aumento de número de católicos?
RESPUESTA.- Te soy sincero: no. Por varias razones.
- La primera es que ya estaban en niveles muy bajos, prácticamente en el límite; era difícil que siguieran bajando. De hecho, que haya un repunte es lógico, porque veníamos de un 6,5%, una cifra muy baja.
- La segunda razón es que este repunte no es exclusivo de España, sino que se está produciendo en toda Europa y también en Estados Unidos, tanto en evangélicos como en católicos.
- La tercera razón –y aquí está lo realmente interesante– es que la religión está retomando su carácter como elemento de identificación con partidos, ideologías o clases sociales.
Estas tres razones no deben analizarse por separado porque forman parte de un mismo fenómeno.
Lo más llamativo es que los católicos, tanto practicantes como no muy practicantes, son los que más creen en cuestiones como el karma, las artes mágicas, la predicción del futuro o las energías. Si comparas con 2020, las creencias que más han descendido son precisamente el karma y Dios.
Y resulta paradójico que, entre los propios católicos, haya bajado alrededor de un 10% la creencia en Dios. Esto significa que no solamente se mezclan creencias, sino que incluso las más definitorias del catolicismo han perdido peso. Estamos ante un cambio de paradigma que los instrumentos tradicionales no logran explicar bien. Por eso, lo prudente es observar y no precipitar conclusiones.
Una buena base
P.- Este repunte de espiritualidad coincide con fenómenos culturales como el de Rosalía. ¿Cree que ella refleja ese perfil de joven que toma un poco de aquí y otro poco de allá?
R.- Rosalía tiene una base importante: una educación en valores profundos que muchos jóvenes no han tenido. Y ahí, si no me equivoco, ha jugado un papel fundamental su abuela. Es decir, aparece ese colchón de la familia que también se visibiliza en el informe. Sin embargo, lo que estamos viendo desde hace más de veinte años es que muchos jóvenes que se declaran católicos desconocen realmente los fundamentos de la religión.
He hablado con sacerdotes y religiosas que confirman que muchos alumnos no conocen conceptos básicos. Hace poco, una monja que está a pie de aula me contaba algunas de las preguntas que le hacen sus alumnos y que son realmente reveladoras: “¿El que muere en Semana Santa es el mismo que nació en Navidad?” “¿Cuántas vírgenes hay?”. Este desconocimiento favorece la mezcla de creencias.
Dicho de otra forma: para mi padre, una persona terriblemente religiosa, Dios no era solo un signo o un símbolo. Dios era Dios. El todo. Ahora bien, cuando a Dios le quitas peso, a Jesús le quitas importancia, a María le descargas de valor, le das peso a otros elementos, y son esas espiritualidades las que quedan en un mismo plano con el que puedes jugar. Rosalía destaca, precisamente, por su capacidad de fusionar estilos musicales, y hace algo similar con la religión.
Hoy en día, los jóvenes mezclan elementos espirituales porque todas las creencias han perdido peso individual y se sitúan en un mismo plano, lo que permite combinarlas. La religión se está convirtiendo en un espacio creativo para los jóvenes, algo que ya se venía anticipando desde hace décadas y que ahora estamos viendo de forma clara.