El cardenal Camillo Ruini, una de las figuras eclesiásticas más influyentes de la historia reciente y uno de los colaboradores más cercanos del papa Juan Pablo II, ha fallecido en Roma a los 95 años de edad. Así lo ha comunicado la diócesis romana que ha informado que el deceso del purpurado se produce tras un declive sostenido en su estado de salud. Desde finales de mayo, su condición había sido declarada crítica, y en sus últimos días recibía asistencia médica continua.
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Una vida al servicio de la Iglesia
Nacido en Sassuolo (Módena) el 19 de febrero de 1931 y ordenado sacerdote en 1954, Ruini destacó desde joven por su agudeza intelectual. Formado en la Pontificia Universidad Gregoriana, dedicó décadas a la enseñanza de la filosofía y la teología antes de asumir distintos servicios en el Vaticano.
A lo largo de su extensa trayectoria pastoral, ocupó cargos de responsabilidad por los que será recordado:
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Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI): Lideró la asamblea de los obispos italianos durante 16 años (1991-2007).
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Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma: Ejerció este cargo desde 1991 hasta 2008.
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Arcipreste de la Basílica Papal de San Juan de Letrán y Gran Canciller de la Pontificia Universidad Lateranense, títulos vinculados a estar al frente del Vicariato de Roma.
También llevó adelante algunas misiones eclesiales, así fue uno de los responsables de analizar los fenómenos en torno al santuario de Medjugorje. Ruini pudo llevar a término el encargo realizado en torno al enclave situado en Bosnia Herzegonia, publicando un primer informe que trascendió en 2017, en el que se hacía un reconocimiento de las primeras apariciones marianas, pero que sembraba la duda de si el fenómeno sobrenatural había continuado desde 1981.
El legado del ‘Ruinismo’
Más allá de sus títulos eclesiásticos, el cardenal Ruini será recordado como el principal arquitecto de la presencia pública del catolicismo en Italia tras el fin de la Democracia Cristiana y el comienzo de la llamada “Segunda República” italiana.
En un tiempo marcado por la secularización y los profundos cambios sociopolíticos, Ruini promovió el concepto de una “Iglesia pensante”. Su legado se caracteriza por:
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Firmeza en la esfera pública: No dudó en intervenir activamente en los debates políticos, sociales y bioéticos del país para defender la visión católica tradicional. Una postura en la que estaba alineado con la visión de Juan Pablo II. De hecho, públicamente sería uno de los críticos del papa Francisco.
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Influencia política: Su capacidad para orientar la política mediante alianzas culturales y su oposición frontal a ciertas políticas de los gobiernos de centroizquierda llevaron a vaticanistas y politólogos a acuñar el término ‘ruinismo’ para definir su enérgico e influyente estilo de liderazgo.
La Diócesis de Roma, a través del cardenal vicario Baldassare Reina y el Consejo Episcopal, ha señalado que se muestran “agradecidos por la larga y fructífera vida cristiana” de Ruini y “por su servicio a la Iglesia”. “Su liderazgo pastoral, de 1991 a 2008, ha dejado una profunda huella de su inteligencia a la hora de interpretar la presencia de los cristianos en la ciudad, a lo que se sumó la responsabilidad de presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia italiana. Perspicaz a la hora de discernir los giros políticos y sociales del país, consideró fundamental guiar las transiciones culturales con el orgullo católico de ser depositarios de un patrimonio de valores que no hay que ocultar, sino custodiar y defender, cumpliendo así su lema episcopal ‘Veritas liberabit nos'”, han señalado en un comunicado.


