En su oración del mes de mayo, el Papa invita a una conversión en el consumo y a promover una cultura de solidaridad frente al desperdicio y la desigualdad
León XIV, durante la audiencia general
León XIV ha centrado su intención de oración de este mes en una de las heridas más persistentes del mundo: el hambre. De esta manera, el Pontífice invita a rezar “para que nadie quede privado del alimento necesario” y a tomar conciencia de que “los bienes de la tierra son un don destinado a todos”.
En esta línea, el Papa propone también un cambio de mentalidad que vaya más allá de la denuncia. Se trata, subraya, de “aprender a vivir con mayor responsabilidad”, despertando “una conciencia nueva, capaz de agradecer, compartir y cuidar”, en favor de una auténtica cultura de solidaridad.
“Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día, como signo de tu amor y providencia”, comienza el Papa, que reconoce que “millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre, mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas”.
Ante esta realidad, la oración pide “que aprendamos a agradecer cada alimento, a consumir con sencillez, a compartir con alegría, y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo, destinado a todos, no solo a unos pocos”.
El Papa señala, así, la necesidad de superar “la lógica del consumo egoísta” para avanzar hacia “una cultura de solidaridad”. En este sentido, anima a que las comunidades cristianas impulsen “gestos concretos: campañas de sensibilización, bancos de alimentos, y un estilo de vida sobrio y responsable”.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la creación,
Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,
como signo de tu amor y providencia.
Hoy reconocemos con dolor
que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,
mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.
Despierta en nosotros una nueva conciencia:
que aprendamos a agradecer cada alimento,
a consumir con sencillez,
a compartir con alegría,
y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo,
destinado a todos, no solo a unos pocos.
Padre bueno,
haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoísta
en una cultura de solidaridad.
Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos:
campañas de sensibilización, bancos de alimentos,
y un estilo de vida sobrio y responsable.
Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús,
pan partido para la vida del mundo,
danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.
Que nadie quede excluido de la mesa común,
y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan
no como un objeto de consumo,
sino como un signo de comunión y cuidado.