Entrevistas

Salvatore Cernuzio: “Hablando de León XIV, Francisco me dijo: ‘Es un santo’”

| 21/04/2026 - 07:21





Al cumplirse un año de la muerte de Francisco, el periodista italiano Salvatore Cernuzio, redactor en Vatican News, recoge en un libro que sale estos días el rostro más familiar y cotidiano del Papa argentino. Entabló con él más que una amistad alimentada por sus frecuentes visitas a Casa Santa Marta, donde nunca faltó helado de dulce de leche. ‘Padre’ habla del Bergoglio más humano, un hombre “que se alegraba y sufría como cualquiera de nosotros”.



PREGUNTA.- ¿Qué podemos encontrar en este libro que no se haya dicho ya sobre Francisco?

RESPUESTA.- Podemos encontrar al hombre. A Francisco en sentido completo: sus costumbres, sus expresiones, sus bromas, sus gestos, esa forma de romper el hielo con una broma, su humor… El Francisco más privado, una persona abierta, con una perspectiva verdaderamente universal sobre muchos problemas, que se alegraba y sufría como cualquiera de nosotros. Como Papa, vivió situaciones que le hicieron sufrir o le decepcionaron, como cuando se enteraba de que se hacían cosas a sus espaldas o se filtraban otras. Un hombre, ante todo; y yo tuve el privilegio de presenciar todos esos matices.

Coherente

P.- ¿Era el mismo bajo los focos que en casa?

R.- Totalmente. Me da pena que algunas cosas no hayan salido a la luz, como su sensibilidad o su capacidad para empatizar. Le he visto sufrir por ciertas situaciones en la Iglesia. Siempre se ha mostrado fuerte y decidido, pero también tenía sus miedos. La primera vez que nos vimos, me dijo: “Reza por mí porque tengo que tomar una decisión difícil en los próximos días”. En ciertas cosas de trabajo colaboramos, pero nunca me aproveché de ese vínculo ni él me promocionó en el trabajo.

Quizá lo único especial fue que me dejara acompañarle en algunas visitas. O, en un vuelo largo, que me invitara a sentarme donde estaba él. Es una anécdota que cuento en el libro. Me dijo que pasara delante porque se comía y dormía mejor. El cardenal Parolin no pudo ir en ese vuelo y yo me senté en su sitio. Le dije al Papa que no podía ponerme ahí, que me estaban mirando raro los sacerdotes que lo acompañaban. Él respondió: “Mira, todos estos curas no saben lo que significa tener cuatro hijos”. Tenía ese tipo de detalles.

P.- Aparte de la amistad, ¿e consideraba una especie de director espiritual?

R.- Sí. Había tenido lugar la convocatoria de ’24 horas para el Señor’, ocasión en la que el Papa confesaba a algunos fieles. Unos días después, le dije: “¡Qué suerte quienes han podido confesarse con un Papa!”. Y él me respondió: “Bueno, tú también puedes hacerlo”. No solo fue un padre espiritual. Para mí era como ir a visitar a mi abuelo. Siempre le llevaba algo. Él me decía: “Los calabreses llaman a la puerta con los pies”. Porque siempre vamos con algo en las manos cuando hacemos una visita. Él se enfadaba. Me decía que no le llevara más cosas, hasta que di con una que nunca me rechazó.

P.- ¿Qué era?

R.- Helado de dulce de leche. Después, lo encontré con pepitas de chocolate. Le gustaba. Siempre me decía que en tarrina y no en cono. Porque “así comemos más”.

Salvatore Cernuzio, vaticanista. Foto: Ángeles Conde

P.- ¿Le habló del cardenal Prevost?

Me generaba curiosidad saber por qué elegía a los que elegía. Me contó que escribía nombres en folios que luego guardaba en un cajón porque alguien le había hablado de uno u otro y después consultaba, se fijaba si era un país o un territorio herido, etc. Hablando del penúltimo consistorio, le pregunté sobre alguno de estos nombres y salió el del cardenal Prevost. Recuerdo que me dijo: “Él es un santo”. A raíz del film ‘Cónclave’, hicimos como en broma una lista de posibles papas después de él, pero nunca me habló de Prevost. Quizá tenía ese nombre en el corazón y no quería exponerlo.

Con él en la enfermedad

P.- ¿Cómo vivió Francisco su enfermedad?

R.- Era testarudo en cuestiones de salud. Se dejaba aconsejar, tenía a sus médicos, pero también tenía sus propias ideas. El libro comienza precisamente con mi visita al hospital durante su último ingreso. Quería hablar conmigo. Me decía: “No se sabe cómo va a terminar eso. Puede ser que sí o puede ser que sí…”. Lloré mientras le tomaba de la mano. La hospitalización fue muy dura. Creo que las oraciones de tanta gente hicieron posible que saliera un 23 de marzo para despedirse del mundo y llegar hasta Pascua. Pienso que realmente Dios le permitió salir del hospital y que pudiera ir a la basílica, a Santa María la Mayor, a impartir la bendición ‘urbi et orbi’, pasar por la plaza e ir a la cárcel.

P.- ¿Cómo fue esa última visita?

R.- En mi opinión, él sabía que era la última vez que saldría. Yo lo vi el día anterior por última vez. Su secretario me llamó porque el Papa quería regalar a mis hijos una campana de chocolate enorme que le habían mandado con motivo de su alta. Fui a por ella y pedí verle un momento. Hablamos muy poco. Estaba muy cansado. Solo le dije que le quería mucho y él me dijo que también me quería.

P.- Y, tal y como cuenta, a las pocas horas dijo sus últimas palabras.

R.- Llamó a las cinco de la mañana porque quería un vaso de agua. Se lo llevó su enfermero, Stefano Compagno. Le dio las gracias y añadió: “Perdón por las molestias”. Fueron sus últimas palabras.

Etiquetas: papa Francisco
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