Felipe VI alaba la “claridad y firmeza” de León XIV ante los abusos en la Iglesia

León XIV y Felipe VI en la ceremonia de bienvenida

Calurosa bienvenida del Rey de España a León XIV. En el Salón de Columnas del Palacio Real, ante unas 250 personas, Felipe VI se ha dirigido al Papa en nombre de su familia, la instituciones del Estado y todo el pueblo español antes de que el Papa pronuncie su primer discurso ante las autoridades, el cuerpo diplomático y la sociedad civil. Y lo ha hecho citando a san Juan de la Cruz y Teresa de Ávila. Pero también sin esquinar la cuestión de los abusos a menores en la Iglesia.



Antes, la ceremonia de bienvenida en el patio del Palacio contó con la presencia de distintas autoridades civiles y religiosas. Entre estas últimas los cardenales José Cobo, arzobispo de Madrid, Juan José Omella, arzobispo de Barcelona; y Ángel Fernández Artime, pro prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

También estaba presente el nuevo sustituto de la Secretaria de Estado, Paolo Rudelli; el nuncio de España, Piero Pioppo; el arzobispo secretario de Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher, el prefecto de la Caridad, Luis Marín; el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello; y el coordinador del viaje apostólico, Yago de la Cierva.

En el plano civil, el presidente de España, Pedro Sánchez, llegó con la presidenta del Congreso, Francina Armengol. A ellos les acompañan el ministro de Exteriores, José Manuel Albares; y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. También estaban presentes la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde, José Luis Martínez Almeida.

En el Salón de Columnas estuvieron también presentes todos los presidentes del Gobierno menos José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy. A ellos se unieron Alberto Núñez Feijoó, presidente del PP, y Santiago Abascal, presidente de Vox.

León XIV y Felipe VI en la ceremonia de bienvenida

León XIV y Felipe VI en la ceremonia de bienvenida. EFE

Felipe VI: “Los abusos no son representativos de la comunidad eclesial”

El monarca se ha referido en el centro de su discurso, que comenzó unos 15 minutos después de lo previsto, al “dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial”. “Vuestra claridad y firmeza, que también quiero reconocer, son esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido: lo son para las víctimas, para los fieles, para la Iglesia y para la sociedad en su conjunto”, ha rematado.

Más adelante, el Rey ha recalcado que, “vuestra voz, Santidad, mana del espíritu, de la fe cristiana, y se nutre de veinte siglos de historia. Es hoy fuente de inspiración para más de 1.400 millones de católicos; pero resuena, por su contenido ético, mucho más allá: en todas las conciencias”.

El Rey se rinde a ‘Magnifica humanitas’

A posteriori, el Rey ha alabado la primera encíclica de León XIV‘Magnifica humanitas’-: “Basta con leer el título para darse cuenta de que no la mueve una visión catastrofista, sino una mirada cargada de esperanza y de optimismo en el ser humano. Un texto humanista”.

En el mismo sentido, ha insistido en que “vuestras palabras nos instan a reemplazar el miedo -que es estéril y paralizante— por un conocimiento, meditado y compartido, del potencial y de los riesgos de esta nueva realidad”.

“Añadís que esa nueva tecnología no puede ser monopolio de unos pocos sino un instrumento en manos de todos que beneficie a todas las sociedades. Y eso solo será posible si logramos mantener a la persona en el centro de cualquier discurso; jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo”, ha agregado Don Felipe.

Porque “en un mundo anegado de datos y mensajes se hacen imprescindibles la empatía, la comprensión y la escucha”. En este sentido, el Rey ha nombrado a Francisco, quien “insistía a menudo en la importancia de saber escuchar”.

“Es paradójico que, en un interconexiones, tiempo, de estemos perdiendo esa capacidad… o esa paciencia. Porque cuando la atención está en el otro, en quién tenemos enfrente, podemos identificarnos con su dolor, con su alegría, con sus debilidades y fortalezas…, podemos ponernos en su lugar. Solo si aprendemos a comprender las razones de los demás, a buscar el terreno común o de acuerdo lograremos avanzar unidos”, ha remarcado Don Felipe.

La unidad, preocupación común

Por otro lado, el Rey se ha referido a una preocupación común: la unidad. Esta “surge de la conciencia de nuestra fragilidad como individuos, de nuestra contingencia, de nuestras limitaciones; pero también de esa capacidad inagotable para el bien y la belleza que alcanza su cima cuando el ser humano ama al prójimo, cuando se abre y se entrega a los demás”.

“Recordarlo siempre, de palabra y de obra —y en especial en estos tiempos de incertidumbre— bien merece ser pauta de conducta universal: la unidad como vehículo e instrumento para la paz”, ha agregado el Rey.

En el principio de su discurso, Felipe VI le ha agradecido su presencia -citando a su mujer, Doña Letizia, vestida de blanco (así se lo permite el protocolo como reina católica), y acompañada por sus hijas Leonor y Sofía, de riguroso negro-, alabando su “vida misionera y labor pastoral en el Perú”. A posteriori, le ha recordado que “la fe católica está enraizada en nuestro país y sin ella nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían”.

“Lo está en el día a día, en las tradiciones, en las festividades, pero también en aspectos mucho más profundos, como el sentido de comunidad y la espiritualidad popular, desde el testimonio de nuestros místicos —san Juan, santa Teresa— hasta la religiosidad sencilla de cientos de miles de personas”, ha puntualizado Felipe VI.

La “enorme” labor social de la Iglesia

Tampoco ha querido dejar de destacar el monarca la “enorme labor social de la Iglesia católica, fruto del compromiso de los religiosos y las religiosas, los sacerdotes, los diáconos, los jóvenes que se implican en la vida de la parroquia, los voluntarios que ayudan en residencias, albergues, comedores y centros de acogida”.

“Creo que me hago eco del sentir mayoritario de los españoles cuando reúno en Vuestra Persona mi reconocimiento y gratitud hacia todos esos hombres y mujeres. Entre ellos incluyo, con un admiración especial, a los miles de misioneros de nuestro país que realizan su labor social, educativa, asistencial y pastoral en tantos lugares necesitados del mundo, muchas veces remotos o todavía muy desconectados, ha aseverado.

Por último, haciendo referencia a su formación matemática, el Rey ha insistido en que “la dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos… Porque en ellos —en sus múltiples combinaciones-está la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia; la que suma y multiplica, no la que resta y divide”.

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