La profanación de un crucifijo en la localidad cristiana de Debl, en el sur del Líbano, a manos de un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), ha provocado una oleada de condenas internacionales, mientras la Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa, presidida por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, ha exigido medidas inmediatas y ha denunciado la gravedad de un gesto que ha reavivado la tensión en una región ya marcada por la guerra.
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El suceso, difundido a través de un vídeo que se ha hecho viral en redes sociales, muestra al militar golpeando repetidamente con una maza la cabeza de una imagen de Cristo crucificado. Un acto que ha suscitado “la reprobación y el rechazo de la comunidad internacional”, según denuncia el organismo eclesial, que agrupa a responsables de distintos ritos católicos en la región y coordina la acción pastoral en Israel, Palestina, Jordania y Chipre.
En un comunicado firmado por Pizzaballa, la Asamblea es contundente: “Este acto constituye un grave agravio a la fe cristiana y se añade a otros episodios denunciados de profanación de símbolos cristianos por parte de soldados de las IDF en el sur del Líbano”. Además, advierte de que esto “revela una preocupante carencia en la formación moral y humana, en la que incluso el respeto más elemental por lo sagrado y por la dignidad de los demás se ha visto gravemente comprometido”.
Una invitación a superar la violencia
Por ello, la Iglesia en Tierra Santa reclama medidas concretas: “una acción disciplinaria inmediata y decisiva, un proceso creíble de rendición de cuentas y garantías claras de que este tipo de conductas no será tolerado ni repetido”.
Sin embargo, más allá de la denuncia, el mensaje introduce también una clave teológica y espiritual frente a la violencia. El cardenal Pizzaballa subraya el valor permanente del símbolo atacado: la cruz como realidad “inviolable” en su significado. Y recuerda, en palabras de san Pablo: “Lejos de mí gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.
“Para los creyentes, la Cruz sigue siendo una fuente de dignidad, esperanza y redención, así como una invitación a superar la violencia mediante el amor sacrificial”, subraya Pizzaballa, recordando que “la verdadera paz no puede nacer de la violencia, sino que debe permanecer, según las palabras del papa León XIV, desarmada. Una paz que invita a volver a envainar la espada”.
En este contexto, la Asamblea ha lanzado un nuevo llamamiento al fin de las hostilidades en la región, animando a “que se emprenda un camino en el que la paz se manifieste a través de la moderación, el diálogo, la responsabilidad y el respeto por lo sagrado y por toda vida humana”. Un mensaje que resuena en una Tierra Santa “flagelada y devastada por un conflicto inhumano”, y que vuelve a situar la paz —no como eslogan— sino como tarea urgente y concreta.