Circula por las redes sociales una imagen suya en una concentración contra la llegada de misiles a la base de la OTAN en la localidad siciliana de Comiso
Joven Prevost
En los últimos días, está circulando en las redes sociales una fotografía más que significativa: la de un joven agustino llamado Robert Francis Prevost que, junto a otros compañeros de su congregación, se manifestaba en Italia (pancarta en mano) “por la paz”.
Según explican medios italianos, como L’Expresso, en la imagen, en blanco y negro, se observa al hoy papa León XIV a la derecha del todo. Una escena que habría tenido lugar en 1980, en una concentración contra la llegada de misiles a la base de la OTAN en la localidad siciliana de Comiso.
En ese sentido, hay que tener en cuenta el contexto, la Guerra Fría, que enfrentaba en numerosos países en todo el mundo a dos bloques antagónicos: la Unión Soviética, presidida en ese momento por Leonid Brézhnev, y Estados Unidos, gobernada por el demócrata Jimmy Carter, aunque ese noviembre ya ganó las elecciones el que sería su sucesor, el republicano Ronald Reagan.
Era un momento en el que ya se había superado el episodio que estuvo a punto de abocar al mundo a un Apocalipsis nuclear (la crisis de los misiles en Cuba, en 1962) y cuando empezaba a dar ciertas muestras de decadencia el modelo soviético.
A nivel eclesial, Juan Pablo II había sido elegido papa dos años antes y, sin duda, su influjo fue también decisivo en el inicio de la cuesta debajo de la URSS, que culminaría menos de una década después, en 1989, con la simbólica caída del Muro de Berlín.
Casi medio siglo después, en un ejemplo de su coherencia vital, el mismo Prevost se halla confrontado con el presidente de su propio país de origen, el republicano Donald J. Trump, quien no ha dudado en cargar contra él, acusándole de “hacer daño a la Iglesia” por tratar de “complacer a la izquierda radical”.
Y todo por negarse a apoyar su modo de gobernar basado en la violencia, así su última escalada bélica en Oriente Medio. Una crítica a la que se ha sumado su vicepresidente, el católico J. D. Vance, quien, como si la dignidad de la vida humana no entroncara de lleno con la Doctrina Social de la Iglesia, ha pedido al Papa que se centre su magisterio en “lo moral” y no en “cuestiones políticas”.
Hoy mismo, desde Camerún, el Papa, fiel únicamente a su misión como vicario de Cristo, ha tronado con fuerza: “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!”.