León XIV reclama en Camerún “una paz desarmada y desarmante” ante la violencia y la corrupción
El Papa desembarca del avión en Camerún. Foto: EFE/EPA/LUCA ZENNARO
El papa León XIV ha iniciado este martes su visita a Camerún con un llamamiento firme a “una paz desarmada y desarmante”, al intervenir ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial de Yaundé, tras ser recibido oficialmente por el presidente Paul Biya, en un contexto marcado por la violencia en varias regiones del país y por los desafíos sociales que afectan especialmente a jóvenes y desplazados.
El Pontífice llegó al aeropuerto internacional de Yaundé-Nsimalen, donde fue recibido por el primer ministro, Joseph Dion Ngute, en una ceremonia que incluyó honores oficiales, presentación de delegaciones y un gesto simbólico de acogida con la entrega de flores por parte de dos niños. Tras el traslado al Palacio Presidencial y un encuentro privado con el jefe del Estado, León XIV tomó la palabra para pronunciar su discurso.
“Es con profunda alegría que me encuentro en Camerún, a menudo definido como ‘África en miniatura’ por la riqueza de sus territorios, sus culturas, sus lenguas y sus tradiciones”, comenzó el Papa, subrayando que esa diversidad “no es una fragilidad; es un tesoro” y una base sólida para construir fraternidad.
“Vengo entre ustedes como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”, ha asegurado el pontífice, lamentando la realidad de Camerún, donde las tensiones y la violencia “han provocado un profundo sufrimiento: vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la escuela, jóvenes que no ven un futuro”.
En este contexto, León XIV volvió a insistir en una idea que ha repetido en las últimas semanas: la necesidad de romper con la lógica bélica. “El mundo tiene sed de paz”, ha dicho el Papa, “basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados”, proponiendo “una paz que sea desarmada es decir, no basada en el miedo, la amenaza o el armamento; y desarmante, porque es capaz de resolver los conflictos, de abrir los corazones y de generar confianza, empatía y esperanza”.
Asimismo, el Pontífice subrayó que la paz no puede imponerse desde arriba: “La paz no se decreta: se acoge y se vive”. En esa tarea, señaló, la responsabilidad es compartida, aunque con un papel decisivo de las instituciones públicas, llamadas a ser “un puente, nunca un factor de división”.
En paralelo, León XIV puso el foco en la sociedad civil, a la que definió como “una fuerza vital para la cohesión nacional”. Destacando especialmente el papel de las mujeres, ha recordado que, a menudo, “las primeras víctimas de los prejuicios y de la violencia”, pero también “incansables artífices de paz”. Por ello, ha reclamado que su voz sea plenamente reconocida en los procesos de decisión.
El discurso incluyó también una advertencia directa contra la corrupción y el abuso de poder. “Para que se afiancen la paz y la justicia es necesario romper las cadenas de la corrupción, que desfiguran a los dirigentes, quitándoles autoridad”, afirmó, señalando que el verdadero desarrollo no puede basarse en el beneficio inmediato, sino en el “desarrollo humano integral”.
Además, el Papa ha dirigido una mirada especial a los jóvenes, a los que definió como “la esperanza del país y de la Iglesia”. Sin embargo, alertó de los riesgos de exclusión: “Cuando persisten el desempleo y la exclusión, la frustración puede generar violencia”. Por eso, insistió en que invertir en educación y oportunidades no es solo una opción social, sino “una elección estratégica para la paz”.
Finalmente, León XIV apeló al papel de las religiones como factor de reconciliación, siempre que no caigan en el “veneno de los fundamentalismos”, defendiendo el diálogo interreligioso como herramienta para “apaciguar las tensiones” y construir una cultura de respeto.