El papa León XIV ha visitado este martes por la tarde el orfanato Ngul Zamba, en Yaundé, donde, tras ser recibido por la superiora general de las Hijas de María y compartir un encuentro con los niños y trabajadores del centro, ha dirigido un mensaje cargado de cercanía y denuncia social, en el que ha subrayado que los menores que han sufrido abandono o violencia “están llamados a un futuro más grande que sus heridas” y son “portadores de una promesa”.
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El Pontífice llegó a las 17:45 horas locales y fue acompañado a la sala principal del orfanato, donde le esperaban los niños y el personal. El encuentro estuvo marcado por un tono familiar, con cantos de bienvenida, testimonios de tres menores y de dos trabajadores, antes de las palabras del Papa, que se dirigió a ellos como “queridos niños, queridos amigos”.
“Me siento muy contento de visitar este orfanato, que para ustedes se ha convertido en su casa”, comenzó León XIV, situando desde el inicio el valor del lugar no solo como estructura asistencial, sino como espacio de acogida. “En este lugar es el Padre celestial quien los recibe con amor como hijos suyos”, añadió.
En su discurso, el Papa no esquivó el sufrimiento vivido por muchos de los menores: “Sé que muchos de ustedes han pasado por pruebas difíciles”. “El dolor de la ausencia”, “el miedo, el rechazo, el abandono, la privación, la incertidumbre”. Sin embargo, frente a esa realidad, quiso abrir un horizonte distinto: “A pesar de todo, ustedes están llamados a un futuro más grande que sus heridas”.
León XIV contra la indiferencia y el egoísmo
De hecho, León XIV insistió en que la dignidad de estos niños no queda definida por su historia, sino por la mirada de Dios: “Dios está presente, conoce sus rostros y está muy cerca de ustedes”. En esta línea, recordó que “Jesús tenía una predilección especial por los niños como ustedes” y que hoy “los mira con el mismo afecto”.
“En un mundo marcado frecuentemente por la indiferencia y el egoísmo, esta casa nos recuerda que todos somos custodios de nuestros hermanos y hermanas”, ha afirmado el Papa, dejando claro que la realidad de los menores abandonados interpela directamente a toda la sociedad.
Junto a los niños, León XIV quiso reconocer el trabajo del personal del orfanato, desde las religiosas hasta los voluntarios. “Su entrega fiel es un hermoso testimonio de amor”, destacó, señalando que su labor va más allá de lo material, ya que proporcionan a los niños “una presencia, una escucha, una familia, un futuro”. Una tarea que, según el Papa, hace visible “la ternura de Dios, una ternura fiel, que no falla en las pruebas y nunca defrauda”. Por ello, les animó a “perseverar con valentía en esta hermosa obra”.