Una niña desplazada en Sudán del Sur
Puesta toda la atención mediática mundial en la dramática situación en Oriente Medio, los obispos de Sudán del Sur tratan de gritar con todas sus fuerzas para denunciar la catarsis de violencia que sufre el país africano.
En ese sentido, un episodio atroz en su larga historia de sufrimiento se vivió el pasado 1 de marzo, cuando, como documenta Fides, “al menos 169 personas perdieron la vida, entre ellas 79 soldados, en una serie de ataques ocurridos en el condado de Abiemnhom, en el Área Administrativa de Ruweng”.
Según detallaron luego algunos de los supervivientes, los responsables fueron “jóvenes armados del condado de Mayom, en el vecino estado de Unity”. Tras atacar el cuartel general “alrededor de las cuatro y media de la madrugada”, buscaron aniquilar “tanto a militares como a civiles”. También hubo “al menos otros 68 heridos”. Y es que “los enfrentamientos duraron entre tres y cuatro horas, hasta que el ejército recuperó el control del área”.
En plena crisis humanitaria, la misión de la ONU en Sudán del Sur (UNMISS) está denunciando estos días la acción en su contra del Gobierno de Salva Kiir, que lleva años enfrentado al bloque opositor liderado por Riek Machar. Tras la guerra civil que ambos desencadenaron en 2013 y que generó 400.000 víctimas, la mediación del papa Francisco fue decisiva (en la histórica escena en la que citó a ambos en el Vaticano y se arrodilló para besarles los pies a modo de súplica para implorarles la paz) y, entre 2018 y 2020, firmaron varios armisticios.
Tras muchas rupturas, finalmente, acordaron iniciar una transición que debería haber desembocado en elecciones libres, pero estas aún no se han celebrado. De hecho, Machar, que llegó a entrar en el Gobierno de unidad de vicepresidente, fue encarcelado hace ahora un año, elevando al máximo la tensión.
En este tenso contexto, los cascos azules de la ONU desplegados en el país insisten estos días en que Kiir está buscando que abandonen sus bases y salgan del país. Algo a lo que se niegan, pues recalcan que su único objetivo es “asegurar la protección de la población”. Pese a todo, las órdenes de evacuación del Ejecutivo están haciendo mella en los habitantes y se está desarrollando un éxodo masivo en enclaves como Akobo, donde, además de la ONU, están presentes otras organizaciones internacionales dedicadas a la protección de los derechos humanos.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, ha alzado la voz para apuntar que “los civiles están siendo brutalmente asesinados, heridos y desplazados a diario a lo largo de Sudán del Sur mientras aumentan las hostilidades entre el Ejército y las fuerzas opositoras”.
Ante la evidencia de posibles “crímenes de guerra”, Turk ha reclamado un “alto el fuego”, pues les consta que, en solo tres meses, la crisis ya ha provocado la huida de sus hogares de “280.000 desplazados” internos. Algo que puede abocar, otra vez, a “una guerra civil total”.
En esta situación, la Conferencia Episcopal ha querido salir al paso y ha publicado un mensaje. Recogido por Fides, en él los pastores deploran que impera “un claro desprecio por la dignidad humana”, siendo cada vez más sistémica una “cultura de venganza mortal”. Frente a ello, “la sangre de nuestros hermanos y hermanas clama al cielo”. De ahí que urja recordar que “la venganza no es justicia” y que se debe evitar “un nuevo descenso al abismo de la depravación humana, donde la santidad de la vida, don de Dios, es pisoteada con alarmante impunidad”.
Tras hacer “un llamamiento urgente a las autoridades para que inicien investigaciones exhaustivas e independientes para identificar y enjuiciar a los responsables”, los obispos tratan de abrazar a la población: “La Iglesia es vuestra familia. Lloramos y oramos con vosotros”.