En los últimos meses, buena parte de la ciudadanía de Estados Unidos vive con estupor la difusión de hasta tres millones de documentos, 2.000 vídeos y 180.000 fotos que el FBI está desclasificando sobre el controvertido Jeffry Epstein. Muy vinculado al actual presidente, el republicano Donald Trump (como antes lo estuvo al demócrata Bill Clinton), estamos ante un magnate financiero fallecido en 2019 y al que se acusa de ofrecer, entre buena parte de la élite política, económica y cultural mundial, a toda una red de niños de los que abusar sexualmente.
Entre la ingente documentación que ha visto la luz estos días se encuentra un correo entre Epstein y Steve Bannon, agitador populista que lideró la estrategia comunicativa en el primer mandato de Trump. En él, tras mostrarse muy críticos con el primer papa latinoamericano de la Historia, el argentino Jorge Mario Bergoglio, ambos concretan una amenaza directa en su contra que verbaliza Bannon: “Derribemos a Francisco”.
La estrategia a seguir para “purificar la Iglesia”, según ha documentado EFE, se basaba en “financiar a organizaciones benéficas católicas para introducirse en el Vaticano”. Algo que no puede sorprender, pues fue una evidencia, durante todo el pontificado de Bergoglio, que todo un aparato mediático intraeclesial dirigió un alud de ataques y fobias contra el líder de la Iglesia católica. Una estrategia que tuvo resonancia en España e Italia y que contó con el apoyo, como mínimo indirecto, de varios obispos muy críticos con las reformas papales.
Dicha actividad seguía la fórmula que Epstein y Bannon concretaron en sus correos también a nivel político: financiar a partidos políticos de ultraderecha para convulsionar la convivencia en las democracias occidentales. Todo ello para favorecer el auge, como ahora se puede comprobar, de populismos identitarios y xenófobos. Una ola que Trump alimenta con mucha fuerza en su segundo mandato.
El FBI, además de documentar todo lo relativo al caso Epstein, también se ha visto obligado a desmentir otro bulo relacionado entre este escándalo y la Iglesia católica: pese a lo que se ha difundido estos días en varias redes sociales, “no hay ninguna evidencia” que demuestre que “desde el Vaticano se hackearon” los archivos del magnate estadounidense.
El jesuita Antonio Spadaro, subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación y, en su tiempo como director de ‘La Civiltà Cattolica’, alguien muy cercano a Francisco, ha criticado con fuerza la deriva autoritaria que buscó desestabilizar a la Iglesia católica desde Estados Unidos. Y lo ha hecho volviendo a compartir en sus redes un artículo que publicó en 2017 y que se titulaba ‘Fundamentalismo evangélico e integrismo católico: un ecumenismo sorprendente’.
En él, el también colaborador de ‘Vida Nueva’ ya advertía contra este fenómeno, lamentando que “los principios fundamentalistas cristiano-evangélicos de principios del siglo XX, gradualmente, se han radicalizado. De hecho, se ha pasado del rechazo de todo lo ‘mundano’, como se consideraba la política, a la búsqueda de una influencia firme y decidida de la moral religiosa en los procesos democráticos y sus resultados”.
Una violación de los valores evangélicos por la que muchos creen que “Estados Unidos es una nación bendecida por Dios y no duda en basar el crecimiento económico del país en la adhesión literal a la Biblia. En los últimos años, este pensamiento también se ha visto alimentado por la estigmatización de los enemigos, a quienes, por así decirlo, se les ‘demoniza’”.