Ayer, en el ángelus, León XIV lamentó que “tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas”
Alí Jamenei, ayatolá de Irán
Desde hace dos semanas, las protestas contra el régimen de los ayatolás han ido en aumento en todo Irán, especialmente en las grandes ciudades. Hasta el punto de que se ha decretado una represión sin cuartel que, por ahora, según reportan entidades locales ligadas a la defensa de los derechos humanos, han provocado la muerte de más de 500 personas y la detención de unas 10.000.
En plena catarsis, en el ángelus dominical de ayer en San Pedro, León XIV se refirió a la situación en Irán y Siria (donde el Gobierno está persiguiendo con fuerza a los kurdos en Alepo) y lamentó que “tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas”.
Mientras, se espera que hoy las manifestaciones continúen. Y eso pese a varios días de apagón generalizado por parte de la Administración, que está dificultando que el SOS del pueblo israelí llegue a la comunidad internacional y, al mismo tiempo, allanando el camino de la represión. Hasta el punto de darse escenas como la que se pudo ver hace unas horas frente a la morgue de la localidad de Kahrizak, donde había apilados decenas de cadáveres apilados en bolsas, con sus familiares viéndose forzados a abrirlas para tener que identificarlos por sí mismos.
A nivel internacional, el presidente estadounidense, Donald J. Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han cargado con dureza contra el líder supremo de Irán, el clérigo Alí Jamenei, y han anunciado que podrían atacar al régimen islamista que lleva en el poder desde la revolución de 1979.
Entonces, esta hizo caer al histórico shah de Persia, Mohammad Reza Pahlaví. Ahora, después de muchas décadas en el exilio, su hijo, también llamado Reza Pahlaví, es quien dice liderar el movimiento ciudadano contra los ayatolás y aspira a hacerse con las riendas del poder. En las últimas horas, a través de sus redes sociales, ha reclamado directamente la intervención de Trump en su país y ha dejado caer que esta estaría al caer: “No estamos solos. El apoyo internacional llegará pronto. Estad atentos a mis próximos mensajes”.
Más allá de la breve referencia de ayer por parte del Papa, la Iglesia católica iraní permanece en completo silencio. Su gran rostro púbico, el cardenal de Teherán, el franciscano Dominique Joseph Mathieu, que en otros contextos ha clamado contra el nuevo “orden mundial” que parece imponerse, siempre a través de las dialécticas de la violencia y del poder por el poder, no se ha manifestado en las últimas semanas.
Una prudencia lógica si se tiene en cuenta que, hace tres años, tras el asesinato de la joven Mahsa Amini por parte de la guardia de la moral, por ser vista en la calle sin llevar velo, brotó en las calles otra fuerte oleada de protestas que hizo tambalearse al régimen, aunque este finalmente se mantuvo e impuso una vuelta de tuerca más en su política represiva. Lo que pase en esta última crisis aún está por comprobarse.