Con motivo del encuentro de seminaristas, religiosos, religiosas y sacerdotes latinoamericanos que estudian en Roma, el papa León XIV envió un mensaje centrado en la llamada de Cristo a sus discípulos y las exigencias de la vocación. En su texto, el Pontífice aborda la naturaleza del seguimiento evangélico, la renuncia, la vida comunitaria y la perseverancia, a partir de la palabra que sintetiza toda vocación cristiana: “Sígueme”.
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“Jesucristo llamó a sus discípulos utilizando casi invariablemente la palabra ‘sígueme’”, dice el Papa. “En esa breve palabra podemos encontrar el propósito más profundo de nuestra vida”, añade. A partir de los relatos de vocación en los Evangelios, León XIV subrayó la iniciativa absoluta del Señor, que no se basa en méritos previos, sino en el deseo de Dios de llamar a los suyos “para llevar el mensaje evangélico a los pecadores y a los débiles».
“Nada puede anteponerse a Dios, ni siquiera lo que hasta entonces habíamos conocido como bueno”, advierte. En este sentido, el seguimiento de Cristo, afirmó, implica “la muerte al pecado y al viejo hombre mundano”. Asimismo, el Papa destaca que la vocación no aísla, sino que inserta en una comunidad sostenida no por afinidades personales, sino por la redención en Cristo.
Formación en medio del ruido
Por otro lado, en un contexto de “ruido que confunde”, el Papa pide “servidores y discípulos que anuncien la primacía absoluta de Cristo”. Para ello, exhorta a una formación que combine “lectura de las Sagradas Escrituras, meditada en el silencio de la oración”, así como la escucha de los pastores y el estudio de la sabiduría de la Iglesia.
“En medio de las alegrías y en medio de las dificultades, nuestra consigna ha de ser: si Cristo pasó por ahí, también nos corresponde vivir lo que Él vivió”, continuó el Papa. “No debemos apegarnos a los aplausos porque su eco dura poco; tampoco es sano quedarnos sólo en el recuerdo del día de crisis o de los tiempos de amarga decepción”. “Miremos más bien que todo ello es parte de nuestra formación y digamos: si Dios lo ha querido para mí yo también lo quiero”, concluye.