El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha pronunciado una conferencia en el encuentro de sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas latinoamericanos que estudian en Roma, con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. El purpurado abordó el papel de ‘María como Madre de la evangelización’, apoyándose en textos bíblicos y del Magisterio reciente, particularmente el documento Mater populi fidelis.
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Fernández inició su intervención con el relato de la visita de María a Isabel, subrayando que es el Espíritu Santo quien mueve a Isabel a reconocer a María y a Cristo como inseparables. “Jesús llegó a Isabel porque lo llevó María”, señaló, subrayando, además, que este modelo se repite hoy en la piedad popular cuando María “visita” hogares y hospitales. “Ella como madre entrega a Cristo y de Él mana para nosotros el Espíritu Santo”, explicó.
“El Evangelio más completo está en el corazón de María”
El prefecto señaló que María “conserva en su corazón todo el Evangelio”. “Ella fue testigo de todo, desde la encarnación y el nacimiento hasta la muerte en la cruz y la resurrección”, aseguró, añadiendo que su memoria de Cristo conecta directamente con la vida de cada persona: “Tiene también la tuya”. En este sentido, María puede “poner en contacto el Evangelio con tu vida”.
“La Madre guarda todo en su corazón”, insistió Fernández, asegurando que María comprende incluso aquello que no se verbaliza en la oración personal. Así, su acompañamiento hace posible que “tu vida reciba del Evangelio esa luz que necesitas para tu camino”.
Evangelización silenciosa a través del rostro de María
“Muchos pobres reconocen al Señor en su rostro materno”, apuntó el cardenal. Y, citando Mater populi fidelis, sostuvo que los fieles descubren en María las acciones de Dios expresadas en los Evangelios: “En ese rostro materno ven reflejado al Señor que nos busca”, “que nos levanta contra su mejilla” o “que no nos condena”.
Este proceso, afirmó, no sigue una lógica intelectual: “Ocurre de una forma secreta, mistagógica, simbólica”, por la acción del Espíritu. “En el encuentro con María, ha sido iluminada por el Evangelio”, resumió.
El cardenal sostuvo que María ayuda a acoger el Evangelio en el corazón: “Puede implorar para nosotros los impulsos internos del Espíritu Santo que llamamos ‘gracias actuales’”, explicó. Aclaró que “sólo Cristo puede merecer para otro la gracia primera”, pero que “es razonable que Dios escuche una intercesión y haga algo escuchándola”.
Para Fernández, María es reconocida como “una de los suyos” por los débiles y sufrientes. “El Pueblo simple y pobre no separa a la Madre gloriosa de la María de Nazaret”, afirmó. Citando Mater populi fidelis (n. 78), subrayó que los pobres reconocen en ella a la que supo “ser migrante”, “sufrir con los novios que se quedan sin vino” y “ofrecer dos pichones de paloma”. “Ella permite que dejemos de sentir a Dios como alguien lejano”, añadió el cardenal, destacando su rol como “signo potente y bello de la cercanía de Dios”.
Colaboradora única en la Redención
El prefecto enfatizó que María no redime, pero sí colabora “de un modo exclusivo y superior” en la obra salvífica de Cristo. “Ella es la Madre que dio al mundo al Autor de la Redención y de la gracia, que se mantuvo firme junto a la cruz”, y “primera y máxima colaboradora de la obra de la Redención y de la gracia”. En este sentido, afirmó que el pueblo fiel no necesita títulos técnicos para expresar esta cooperación, sino que se refiere a ella como “Mamita” o “Mamacita”, reconociéndola simplemente como “Madre”.
En su reflexión final, Fernández insistió en que María no disocia la fe de la vida concreta: “Se preocupa por toda nuestra vida, en el cuerpo y en el alma”. Y es que, para Fernández, María “sigue dirigiéndose a Jesús para decirle: ‘No tienen vino’”. En su acción, la evangelización incluye también la promoción humana y la compasión por las necesidades cotidianas.
