Aurelio Pesoa: “Hay mucho por hacer y aprender todavía en la crisis de los abusos”

Aurelio Pesoa, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana

El ‘caso Pedrajas’ –vinculado al misionero jesuita español Alfonso Pedrajas Moreno, fallecido en 2009, al que se acusa de haber abusado de al menos 85 niños y adolescentes, y registrar algunas de sus agresiones en un diario– ha desatado un auténtico tsunami en Bolivia, cuya Iglesia católica está buscando “cómo hacer mejor las cosas”, defiende el franciscano Aurelio Pesoa Ribera, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB). Aunque es consciente de que quizá no puedan “ayudar a reparar el dolor causado”, el también obispo vicario apostólico del Beni sí tiene muy claro que “debemos comprometernos, más allá de toda circunstancia, en atender a las víctimas y acompañarlas con un absoluto desprendimiento, sensibilidad, respeto y empatía”.



PREGUNTA.- ¿Qué sienten como Iglesia después de conocerse los casos de abusos cometidos por misioneros españoles en el pasado?

RESPUESTA.- Es difícil explicar las emociones que surgen de los hechos que han sido desvelados. Hay pesar, rabia, impotencia, tristeza y una innegable necesidad de justicia y reparación a las víctimas de sacerdotes que perdieron totalmente el sentido de su compromiso con Dios y con la Iglesia. No podríamos quedarnos con un análisis que solo se refiera a misioneros españoles, nos toca revisar si fallamos en el acompañamiento, seguimiento o atención de cuantos incurrieron en estos graves delitos, así como en la alerta y respuesta a las señales que seguramente mostraban las víctimas y las circunstancias que se fueron presentando.

Respeto y empatía

P.- ¿Cómo se repara tanto dolor causado?

R.- Es muy difícil responder a esta pregunta, sobre todo porque creo que el sentir de cada víctima es distinto y merece una atención especial. Lo que sí nos queda claro, como Iglesia, es que debemos comprometernos, más allá de toda circunstancia, en atender a las víctimas y acompañarlas con un absoluto desprendimiento, sensibilidad, respeto y empatía. Quizá nosotros no podamos ayudar a reparar el dolor causado, pero nos esforzaremos por apoyar y acompañar a las víctimas, confiando en que Dios, en su infinita bondad, les dé consuelo.

P.- En enero de este año, el Episcopado había dado a conocer las líneas guía –aprobadas y actualizadas– para prevenir e investigar denuncias por abuso sexual de menores y personas vulnerables ¿Se han quedado cortos con sus medidas, ahora que se conoce la gravedad del ‘caso Pedrajas’ y los que le siguieron?

R.- Somos conscientes de que hay mucho por hacer y aprender todavía en la crisis de los abusos. La serie de documentos que la Santa Sede ha ido emitiendo nos muestran que se está buscando cómo hacer mejor las cosas. Quisiéramos tener todas las respuestas, pero la realidad es que estamos avanzando poco a poco; no solo en procedimientos, sino, sobre todo, en tratar de lograr una cabal comprensión del alcance del abuso, así como la sensibilidad y la determinación para afrontarlo.

Creo que no nos quedamos cortos en los instrumentos, pero sí en la necesidad de contar con personal capacitado para atender y comprender las situaciones de abuso, así como el desarrollo de las investigaciones en el ámbito canónico y el seguimiento a la derivación de casos a la justicia ordinaria. No debemos olvidar que los casos de religiosos, como ocurre con el ‘caso Pedrajas’, es competencia de la entidad religiosa a la que pertenecía, lo cual de ninguna manera excluye que la Iglesia deba prestar atención a este tipo de situaciones.

Colaboración con la Justicia

P.- El presidente Luis Arce pedía por carta al papa Francisco, en mayo, el acceso a los archivos de casos de pederastia por parte de la Justicia del país. ¿En qué medida la colaboración con las autoridades civiles resulta fundamental para acabar con esta lacra?

R.- Desde la Iglesia facilitaremos la información que sea requerida, esperando que se respeten derechos fundamentales, como la privacidad de quienes la demanden y la presunción de inocencia. Porque, cuando existe presión social, se tiende a olvidar el respeto a derechos humanos que resultan fundamentales en la sociedad. Solo en la medida que exista una justicia transparente, eficiente y competente se pondrá límites a la comisión de este y otro tipo de delitos, pero esa es una realidad todavía lejana para nosotros. (…)

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