El Papa a los nuevos jóvenes de la Guardia Suiza: “Sean signo de la acogida de la Iglesia”

Francisco ha recibido hoy a los 34 nuevos reclutas del cuerpo militar de la Santa Sede

Guardia Suiza

Con motivo de su juramento como reclutas de la Guardia Suiza, Francisco ha recibido en audiencia a estos 34 jóvenes que, durante los próximos años, formarán parte de esta histórica institución encargada de la seguridad del Papa. A ellos, el Pontífice les ha recordado que, además de la protección del sucesor de Pedro, su labor está en que “los peregrinos y turistas que llegan a Roma” tengan la oportunidad de experimentar su “cortesía y amabilidad” en las distintas entradas de la Ciudad del Vaticano. “No olviden nunca estas cualidades, que son un hermoso testimonio de la acogida de la Iglesia”, ha apuntado.



“Como bien sabéis, las funciones de la Guardia Suiza, aunque tienen carácter militar, constituyen un servicio especial al Sumo Pontífice y a la Sede Apostólica en beneficio de toda la Iglesia”, ha explicado Francisco. “Por tanto, es motivo de gran aprecio que los jóvenes opten por dedicar algunos años de su existencia en generosa disponibilidad al Sucesor de Pedro y a la comunidad eclesial”.

Asimismo, ha señalado que, estando en el cuerpo militar del Vaticano, los jóvenes encontrarán en los próximos años el camino sobre el que construir el resto de sus vidas. “El Señor a veces llama a algunos de vosotros a seguirle por el camino del sacerdocio o de la vida consagrada. Otros, en cambio, siguen la vocación conyugal y forman su propia familia”, ha dicho.

Fiel generosidad

“Demos juntos gracias al Señor, fuente de todo bien, por los diversos dones y las diversas vocaciones que os confía, y recemos para que quienes comienzan ahora su servicio también respondan plenamente a la llamada de Cristo, siguiéndole con fiel generosidad“, ha añadido.

Por último, agradeciendo sus servicios a todos los que componen la Guardia Suiza, Francisco ha mostrado su esperanza de que estos jóvenes “puedan tener experiencias espirituales y humanas fructíferas tanto en el Vaticano como en la ciudad de Roma”, y que “estos años que pasarán aquí sean una oportunidad para profundizar su fe y un amor aún más fuerte por la Iglesia”.

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