¿Mujeres en el altar? Lo de las misioneras es otra Liga

Misionera en Camerún

‘Spiritus Domini’ no cambiará ninguna de sus rutinas. Saliendo de nuestras fronteras, otro testimonio es el de la misionera astorgana Jovita Morán Natal, carmelita de San José que lleva desde 1983 en Chile, donde se ha encarnado en un país que ya considera suyo. Volcada en la pastoral juvenil como acompañante de varios grupos por todo el país, la religiosa española, cerca de cumplir los 78 años, reconoce que “siempre me sentí libre, hasta de bautizar”.



Algo que ilustra con una anécdota muy ilustrativa: “Cuando el sacerdote no llegaba a la eucaristía dominical o a funerales, a los fieles les enseñamos qué es una celebración de la Palabra. Una vez, el cura iba con mucho retraso, así que le dije a la gente: ‘Vamos a comenzar la celebración y, cuando el sacerdote llegue, él continuará’. Ya íbamos casi por la consagración, por lo que comenté: ‘Hagamos unos minutos de oración en silencio, a ver si llega’. Y una señora me respondió: ‘Siga, madrecita, que a usted se le entiende mejor que al padre’. Otra vez, llegó el padre a un enfermo diciendo que iba a confesarlo, pero él le contestó: ‘Yo ya me confesé con la madrecita’”.

Contra la lacra del machismo

Gracias a su trabajo en la Diócesis de Chillán, “donde colaboré muchos años en la formación de los jóvenes que se preparaban para la vida sacerdotal, y que ahora son presbíteros de entre 40 y 50 años de edad, tengo mucha experiencia en este sentido. De hecho, a modo de ejemplo, cuando veía a alguno que se creía ‘superior a la mujer’, para mí tenía claro que no era apto para el sacerdocio”.

Por ello, Jovita reconoce que, “aunque yo nunca he querido ser ‘del altar’, sí es cierto que me ha tocado desempeñar ese servicio muchas veces”. Algo no siempre bien entendido por todos: “Tristemente, hemos tenido una Iglesia muy machista. Y ahora, sintiéndolo mucho, esto está teniendo su efecto con los grandes problemas en el clero, de muchas índoles, que está habiendo en todo el país. Puede ser duro, pero, a la vez creo que el Espíritu del Señor se manifiesta también en estos vendavales”.

Tras los pasos de María

Con la claridad con la que se permite expresarse tras toda una vida volcada en la misión, la religiosa leonesa añade que “quiero mucho a los sacerdotes, y ellos me quieren a mí por todo lo vivido… Por eso nos podemos decir las cosas por su nombre”. Así, más allá de la oficialidad dada por el Papa a los servicios de las mujeres en el altar, Jovita tiene claro que “lo que siempre me ha hecho feliz es sentirme como esas otras mujeres que acompañaban a Jesús; entre ellas, claro, su Madre, María”.

Una vivencia, siempre, en clave de esperanza: “Ojalá que Dios permita que los contratiempos sean siempre fructíferos para manifestar el auténtico rostro de Jesús en la Iglesia. En cuanto a lo que ahora promulga el Papa, los laicos ya vamos muy adelantados. A nuestra madre Iglesia, siempre precavida, se le adelantan los tiempos. Y es que el primero que los adelantó fue Jesús”.

Merche Calle Díaz, misionera en Paraguay

Mucho más que acólitas y lectoras

La misionera cacereña Merche Calle Díaz, religiosa de la Sagrada Familia de Burdeos que lleva casi 40 años en Paraguay, liderando todo tipo de proyectos educativos para las comunidades locales en el mundo rural e indígena, se felicita por el paso dado por el Papa, “que así normaliza lo que se venía haciendo desde hace muchos años en las parroquias. Personalmente, en los lugares donde las hermanas hemos estado en el país, ha sido una vivencia de comunión en la que nuestra experiencia se extendía más allá de ser acólitas y lectoras”.

“Tuvimos la oportunidad –ilustra– de que nos dieran los obispos la administración de las parroquias en los lugares donde no había suficientes sacerdotes que se hicieran cargo de ellas. Salvo por el hecho de que teníamos que buscar sacerdotes para la administración de los sacramentos, nosotras nos encargábamos del resto. Otra experiencia fuerte fue el caminar interreligioso, donde, además de ejercer el lectorado, era habitual que los sacerdotes nos dieran la oportunidad de predicar la homilía”.

Libertad en el ámbito rural

Algo que era muy común en el ámbito rural: “Como en el campo las comunidades son muy distantes entre sí y hay escasez de sacerdotes, los domingos, nosotras hacíamos la celebración de la Palabra y dábamos la comunión. Nuestra labor en la Iglesia era realmente amplia: preparar para los sacramentos, acompañar el dolor de los familiares que perdían a sus seres queridos, enterrarlos, bendecir las escuelas y los centros comunitarios… Nuestra realidad es que la gente del campo estaba feliz y lo veía normal”.

Hoy, ya jubilada como docente y dedicada a otras funciones de acompañamiento en el ámbito urbano, Merche siente una cierta nostalgia: “Esa experiencia fraternal y eclesial en el mundo campesino marcó nuestra vida religiosa y eclesial. Actualmente, en un contexto muy diferente, nos encontramos con otro estilo de parroquia y de pastoral”.

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