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Ernesto Cardenal, los penúltimos versos del poeta de la totalidad

  • Trotta publica la ‘Poesía completa’ del sacerdote y poeta nicaragüense
  • Rehabilitado por el papa Francisco en febrero, la obra incluye también sus más recientes poemas
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La poesía de Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) es una poesía erigida inevitablemente por la fe. “Yo diría que el hombre de fe en sus diversas manifestaciones –monje trapense, sacerdote, teólogo– atraviesa absolutamente su poesía”, afirma María Ángeles Pérez López, autora de la edición y el estudio preliminar de la Poesía completa de Ernesto Cardenal, que la editorial Trotta acaba de publicar en un volumen de 1.228 páginas. Una poesía marcada, totalmente, por la experiencia del Amor y de “ese mundo como revelación de Dios”, como proclama el poeta nicaragüense.

“Todos sus libros están atravesados por el Amor –prosigue Pérez López– , y ese Amor en relación con lo que significa Dios para las criaturas, y las criaturas para Dios, es tan central, que diría que no es posible acercarse a la obra poética de Cardenal sin tener este elemento en cuenta. Igual que sin tener en cuenta, a la vez, que ese Amor va a tener perfiles políticos, históricos, sociales… y nos va a llevar a la Teología de la Liberación”.

Vuelta al hogar de la fe

A lo mejor, el Cardenal poeta no necesita ningún adjetivo, pero como afirma la profesora titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca, muchos adjetivos son válidos para leerlo. “Si vamos precisando, cabrían muchos calificativos. Poeta católico, sí, desde luego. Él se considera dentro de la Iglesia católica. Y cuando en febrero de este año recibió ese perdón por parte del papa Francisco de la suspensión a divinis, vivió la experiencia de haber vuelto a un hogar. Así nos lo transmitió el propio Cardenal y Luz Marina Acosta, su secretaria, quien le apoya y ayuda en el día a día”, añade.

La rehabilitación de Francisco, 35 años después de la suspensión a divinis por Juan Pablo II, hizo justicia con el sacerdote y con el revolucionario –hoy opositor al régimen sandinista de Daniel Ortega–, pero también con el poeta católico, por supuesto, “que ha vivido con felicidad ese levantamiento de la suspensión canónica y su plena reintegración”. El poeta que también es místico. “Da cuenta de una experiencia de Amor absoluto, que le lleva en Canto cósmico y especialmente en Telescopio en la noche oscura, a hablar de un amor carnal con Dios, que es también un amor espiritual con Dios, y por tanto con absolutamente todo lo creado”.

El hábito trapense

Y así se lee ya desde los primeros poemarios de Cardenal, incluidos los que dan testimonio de su vivencia religiosa de un modo más extremo a partir de 1957, cuando toma el hábito trapense en el monasterio norteamericano de Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky. “Hay una palabra que me gusta mucho en relación con Cardenal, que es totalidad. Es un poeta de la totalidad, pero también de la esperanza. Es una totalidad hacia la esperanza, y eso está ya en aquellos libros”, añade Pérez López acerca de Gethsemani, Ky (1960), Salmos (1964) o Coplas a la muerte de Merton (1970).

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