Tribuna

¡Somos “Corpus”… somos santos!

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1.     En la vida cotidiana

Cuando van pasando los años y se empieza a notar en la existencia, algunas personas ya encanecidas, quizás algunas de ellas con su “puchito” en los labios, recuerdan a quienes lo antecedieron en el camino y mantienen viva la presencia de alguien que devolvió el gusto de vivir.



Otras, con su madurez incipiente, son testigos de seres “ordinarios” con una generosidad extraordinaria, que manifiestan con una pasión, con cierta osadía juvenil que aún mantienen, que hubo alguien que renovó tanto todo a quien se le podría ser el título de ……

O quizás, en cada familia hay seres tan necesarios que, con su sola presencia, nos recuerdan el amor, la ternura y la identidad, que unen a todos y los mantienen ligados con aquel don recibido.

2.     En la fe cristiana

La vida de las personas santas (canonizadas o no), poseen esa maravillosa experiencia de recordarnos que el centro de la fe es la Trinidad. Pero, lo más asombroso es que, al contemplar a ese misterio de comunión, descubrimos que lo central en Dios es su antropocentrismo. ¡Creemos, celebramos y anunciamos que la Trinidad, por la Resurrección y Encarnación del Mesías nacido en Palestina, la humanidad es lo más importante para ella!

Jesús de Nazareth, es el testimonio más claro de esta expresión: para él lo más importante es el ser humano, no el sábado. Para él lo medular es el Reino de Dios y las personas.

Otro testimonio que nos recuerda las maravillas de Dios, es Tomás de Aquino. De este santo y doctor mucho hay escrito y algo hemos compartido en columnas anteriores. Sin embargo, en este día de Corpus Christi, la memoria eclesial nos vuelve a pasar por el corazón la vida de este religioso mendicante que “No existe tienda que almacene en sus estantes sayal capaz de contener a este fraile colosal” (Chesterton, Gilbert Keith, 1996, pág. 12).

¿Por qué volvemos a contemplar su vida? La liturgia del Cuerpo y Sangre de Jesús, nos lo exige. En primer lugar, porque fue Tomás el encargado de elaborar su “rito litúrgico”. En segundo lugar, porque adorar la presencia real nos exige repasar, replantear y hasta refutar, algunas prácticas piadosas (privadas y comunitarias) que podrían atentar a la fidelidad a Dios y al ser humano.

Tomás, Doctor de la humanidad, en esta celebración, como hemos afirmado en otras oportunidades: “ubicaba a la adoración luego de la celebración basado en rito del Jueves Santo en donde la Iglesia adora al Señor, luego de la institución del sacerdocio y la eucaristía. Una piedad eucarística separada de estas bases, podría derivar en ciertos rigorismos intimistas que suelen contradecir la teología del sacramento:

  • La eucaristía no es una devoción ni un rito, sino es una acción de Dios por la humanidad y el cosmos, es un signo sensible y eficaz que nos hace vivir y hacer memoria de lo instituido por Jesús: servicio y comida universal.
  • La eucaristía es una manera de “desarrollar la vocación cristiana”, es decir, asumiendo la cultura, incorporando los elementos vitales de los pueblos, porque Jesús no creó los signos de pan y vino, sino que los tomó de la idiosincrasia en la que vivía.
  • La eucaristía es la memoria de un Dios enredado en amar (Durrwell, Xavier François, 1992), que lo hace hasta dar su vida para que otras vivan en plenitud (Jn. 10).
  • La eucaristía es acción de gracias por la presencia de Dios que, aunque vemos como oculto, “estás bajo estas formas escondidas” y que nos invitan a mirar al otro.
  • La eucaristía es la práctica de una comunión en donde “todos juntos” comemos a la mesa, porque no existe la “comunión inmaterial”.
  • La eucaristía es expresión vital de la alianza universal donde no hay “castas”, sino todo el pueblo es sacerdotal, profético y pastoral.

¡Ojalá algún día todos ingresemos mezclados en procesión en la celebración y nos ubiquemos en torno a la mesa sin distinciones de lugares! Ahí entonces, veremos que el rito vuelve al origen y se configura con el estilo del Mesías pacífico nacido en Palestina” (Curia, Christian, 2026).

Somos Corpus Somos Santos II

3.     En la acción pastoral

Al vivir y celebrar el “Cuerpo y la Sangre de Jesús”, somos “corpus”. Es decir, participamos del “mismo cuerpo”, porque como nos enseñaba Agustín de Hipona: “nos transformamos en aquello que recibimos” (Maldonado, Luís, 1997, pág. 198). Por lo tanto, nos hace sensibles… e invita a asumir lo corporal como parte de la expresión religiosa (cuerpo y sangre). A su vez, nos hace vivir en comunión, porque la Trinidad es común-unión. También provoca una materialización concreta de las propuestas, porque “esto es mi cuerpo, esto es mi sangre”. Por ende, una religión que se sustenta en la Eucaristía no habla, ni propone, dicotomías. ¡Y menos aún dice eso de “comunión espiritual”! ¡Porque el sacramento es sensible! ¡Porque el Verbo se hizo carne! ¡Porque la liturgia une, distingue, pero no separa!

Otra implicancia importante en tiempos de peleas palaciegas, es descubrir que, al ser cuerpo de Cristo, una de las misiones de los miembros es cuidar a cada uno y al todo en su conjunto, siempre reconociendo la vocación y ministerio con el cual vivimos nuestra configuración con Cristo Sacerdote, Profeta y Pastor.

Esta fiesta del Corpus sería una oportunidad para replantearnos la forma en cómo tratamos a los demás porque en la manera que con más decoro adoremos a quien no vemos (Dios), más servidores somos de quienes vemos (prójimo). No vaya a ser que, por estar mirando un objeto inanimado, que contiene un ser Vivo, el Dios latente nos pregunte ¿dónde está tu hermano?, y no sepamos responderle.

Por otro lado, cuando en el cuerpo, hay miembros o partes que requieren más cuidado, se implementan estrategias o tratamientos para lograr el fin. Cuando en el cuerpo hay miembros que ya no cumplen una función vital y hacen peligrar la sanidad de todo el cuerpo, se procede a terapias más fuertes o, llegado al caso, a la amputación… porque el fin de todo, es la comunión y armonía del cuerpo. ¡Para ello es necesario haber pasado por toda las instancias previas y los tratamientos pertinentes! ¡Y la disposición del paciente a realizar las indicaciones médicas!

“Somos Corpus”, es una posibilidad para encontrar caminos o soluciones a cuestiones que vienen lacerando la comunión eclesial. Si a un grupo, como la Fraternidad Sacerdotal Pío X, se le ha aplicado la medicina de la misericordia (Juan XXIII – GME, 1962), si se le ha implementado una “dosis de medicación intensa” para que replanteen su adhesión a la iglesia, es decir, al cuerpo; si se le ha exigido que vivan eclesialmente sus pensamientos, si se les ha exhortado a la aceptación del “Milagro del Concilio Vaticano II” como fruto de la docilidad de Juan XXIII al Espíritu (Francisco – Homilía Canonización Juan XXIII, 2014); si se les ha recordado que toda la iglesia representada y reunida en Concilio Ecuménico Vaticano II ha reflexionado sobre sí misma, que se aggiornó a los tiempos modernos sin perder el depositum fidei, que ha elaborado ritos que ayudan a profundizar la fe que se celebra, que se ha puesto como “cuerpo de Cristo” en medio de las realidades humanas, que se ha manifestado como servidora de la humanidad (Pablo VI, Discurso de clausura CVII, 1965), que se ha propuesto dialogar con todos, si con todos (Francisco – JMJ, 2023)… etc. Queda de manifiesto que, desde 1970 hasta 2026, el problema no estaría en la eclesialidad, sino en la ideologización de ese grupo que no acepta, la comunión trinitaria y humana.

Ojalá, las autoridades encuentren caminos y soluciones de comunión, no para evitar un cisma, sino para que la fe de la iglesia no sea más lacerada por ideologías que atentan contra el Evangelio y las personas.

4.     Plegaria

Bendita seas Trinidad amor revelado como “comunión de personas; Padre, Hijo y Espíritu Santo: amor en relación, que se da recíprocamente y se comunica al mundo” (León XIV – MH, 2026) (#48).

Bendita seas por configurarnos con vos e injertarnos en tu “pedagogía”, en tu manera de ser y obrar. Gracias por constituirnos servidores de la humanidad por medio de tantos ministerios y carismas que, como buen sembrador, has distribuido.

Te damos gracias por las primeras personas que “hicieron eco de tu vida en nuestra historia”, especialmente nuestros padres, abuelos, padrinos, miembros de la comunidad, catequistas, presbíteros, diáconos, religiosos, obispos que nos invitaron a vivir a tu estilo para que siempre recordemos que “la iglesia existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia” (Pablo VI – EN, 1975) (#14).

Te pedimos que sigamos escuchando el llamado de Jesús, a ser “iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad” (Concilio Vaticano II – UR, 1964)(#6,1), para que asumiendo que la sinodalidad, no es una opción, sino la expresión más fiel de nuestra alianza con tu amor como iglesia, cuerpo de Cristo. Te lo pedimos a vos que vivís y amas, por los siglos de los siglos. Amén.

#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #ElGustoDeVivir #tecreo #unpocodeairefresco #entornoalamesa #lavidanosdaseñales #unaaventuramaravillosa

Trabajos citados

Chesterton, Gilbert Keith. (1996). Santo Tomás de Aquino. CABA: Lohlé – Lumen.
Concilio Vaticano II – Unitatis Redintegratio (1964). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2026). https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/dialogando-con-la-flexibilidad/.
Durrwell, Xavier François. (1992). Nuestro Padre. Dios en su misterio. Salamanca: Sígueme.
Francisco – Homilía Canonización Juan XXIII (2014). Obtenido de https://www.vatican.va/
Francisco – Jornada Mundial de la Juventud – Portugal (2023). Obtenido de https://www.vatican.va/
Juan XXIII – Apertura del Concilio Vaticano II GME. (1962). Obtenido de https://www.vatican.va/
León XIV – Magnifica Humanitas (2026). Obtenido de https://www.vatican.va/
Maldonado, Luís. (1997). Eucaristía en devenir. Bilbao: Sal Terrae.
Pablo VI – Evangelii Nuntiandi (1975). https://www.vatican.va. Obtenido de https://www.vatican.va/
Pablo VI, Discurso de clausura CVII (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/