¿Tienen los creyentes que hacerse vegetarianos?


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No hay día en que no aparezcan en los medios noticias relacionadas de una manera u otra con el vegetarianismo o con su ala más radical, el veganismo. Este era, por ejemplo, uno de los titulares de The Guardian del pasado 12 de junio: ‘La mayor parte de la carne en 2040 no vendrá de animales muertos, según un informe’.

En el libro del Génesis, tras el mandato al ser humano de crecer y multiplicarse, Dios le dice: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira” (Gn 1,29-30). Parecería, pues, que en el designio divino original habría una intención “vegetariana” para todos los seres de la tierra.

Asimismo, en un conocidísimo oráculo, el profeta Isaías vislumbra un futuro en el que “habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león, como el buey, comerá paja” (Is 11,6-7). Es evidente que el oráculo profético apunta a un futuro que hoy calificaríamos de “utópico” –en el mejor sentido del término–, una de cuyas características sería precisamente la de la “dieta vegetariana”.

DCM gusto

Ahora bien, es evidente que ni el texto del Génesis ni el de Isaías registran situaciones “históricas” que se hayan producido o se vayan a producir: jamás las “fieras de la tierra” han sido vegetarianas ni lo serán. ¿Por qué se dice entonces que sí lo fueron en un principio o que lo van a ser en el futuro?

Parece claro que, en ambos casos, la dieta sirve como símbolo o imagen de una situación deseable, bien sea proyectada al pasado (origen) o al futuro (destino): la de la paz y la armonía. Una armonía tan radical y extensa que alcanza incluso al orden de la naturaleza. Así, ¿hay una imagen más poderosa de la ausencia de violencia –precisamente por antinatural– que la de un león herbívoro?