No quedó otro remedio que entrara por la puerta de atrás, la ‘de servicio’. Tuvo que pasar por la cocina hasta llegar a mi despacho. Como siempre que esperas a un desconocido, estás expectante, no sabes por qué derroteros irá la conversación.
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Laura es una mujer que se explica con los ojos y con las manos, llena de vitalidad, con la que empatizas rápidamente. A veces, hasta que no te encuentras con una persona y pones un rostro de referencia a toda una asociación, es difícil asimilar lo que unas siglas entrañan.
Entró con una sonrisa, lo que hizo fácil el saludo inicial. Venía con fuerza representando a aspaym: ellos lo escriben en su folleto con minúsculas, mucho más ligero. Es la asociación de personas con lesión medular y otras discapacidades físicas. Nos sentamos en triángulo: Fina que la acompañaba, Laura, en su silla de ruedas, y yo.
Como toda asociación sin ánimo de lucro, están ayudados por diversas entidades, aunque nunca es suficiente. Pero no venían a pedir, sino a ofrecerse, a decir que existían, que intentaban mejorar la vida de personas como ella y la de sus familias y cuidadores. Solo querían darse a conocer. Seguro que creyentes que van por las parroquias, me decían, conocen a familiares, amigos o vecinos que nos necesitan, simplemente buscamos a alguien que nos ponga en contacto.
Trabajan para conseguir mayor autonomía, para ser un referente de la defensa de los derechos de personas con lesión medular, para ayudarlos a ellos y a sus cuidadores… Me pasaron los folletos y los informes últimos de la asociación, miré las fotos y descubrí personas de todas las edades con una sonrisa en el rostro haciendo diversas actividades, incluso danza, y las personas que les ayudan. Después, Laura y Fina marcharon de nuevo por la puerta de atrás: el obispado no está preparado para ciertas discapacidades, aunque todos tengamos la nuestra.
Protagonistas
Cuando marcharon, no dejaba de pensar en los distintos discapacitados físicos que aparecen en los evangelios ayudados por el Señor. Hice memoria de los relatos, cómo se acerca a ellos, les toca, les sana y, sobre todo, rompe con los impedimentos religiosos y sociales de la época. Nosotros, como Jesús, estamos obligados a devolverles la dignidad, integrándoles y haciéndoles protagonistas, cimientos de la inclusión, la dignidad humana y la trasformación espiritual.
Pensé en la declaración de la renta. La casilla 105, que destina un 0,7% a la Iglesia, y la casilla 106, que puedes destinar a esta ONG, otro 0,7%. Estas casillas ni te hacen pagar más ni recibir menos, simplemente decides con el corazón a dónde va, sobre ruedas, un pequeño porcentaje de tus impuestos. ¡Ánimo y adelante!
