El adiós de León XIV a Camerún: “Hay que cambiar estructuras para superar la marginación”

El Papa se despide del país africano con una misa multitudinaria en la que insiste en la urgencia de “instituciones al servicio del bien común”

Misa de León XIV en su despedida de Camerún

León XIV se ha despedido hoy de Camerún después de cuatro días en el país africano, para poner rumbo a Angola y Guinea Ecuatorial. El Papa ha culminado su peregrinación con una multitudinaria eucaristía en el aeropuerto de Yaundé, en la que ha insistido una vez más en la necesidad de una regeneración del país para salir de la pobreza y acabar con la violencia. De nuevo, verbalizó un discurso tan contundente como comprometido en materia social y política. Máxime, en el contexto de una misa.



“¡La paz esté con vosotros!”, compartió nada más comenzar su homilía, un saludo que ha sido uno de los ejes vertebrales de esta visita, sobre todo después de su llamada a la reconciliación para frenar el conflicto abierto en el noroeste del país con las guerrillas separatistas.

Ayuda mutua

Pero no fue esta su única reivindicación antes de partir. Ante el presidente Paul Biya, que lleva más de cuarenta años en el poder, reclamó “una sociedad basada en el respeto a la dignidad de la persona”.

El Papa subrayó la importancia de la comunidad, que “tiene el deber de crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda mutua”. ¿El objetivo? “Que ante las crisis, sean sociales, políticas, sanitarias o económicas, todos puedan dar y recibir ayuda, según sus capacidades y necesidades”.

Prevost remarcó que “a veces, la vida de una familia y de una sociedad” también exige “el valor de cambiar hábitos y estructuras, de modo que la dignidad de la persona siga siendo fundamental y se superen las desigualdades y la marginación”. Por ello presentó “la atención preferencial por los pobres” como “una opción fundamental” para los católicos.

Misa de León XIV en su despedida de Camerún

Misa de León XIV en su despedida de Camerún

Robert Prevost se adentró en la dimensión social y política que tiene el mensaje de Jesús y ese “No temáis” que lanza a sus discípulos, entendido como “estímulo para afrontar juntos los problemas y los desafíos, especialmente los relacionados con la pobreza y la justicia, con sentido cívico y responsabilidad civil”.

Los más débiles

Es más, sentenció que “la fe no separa la vida espiritual de la social; al contrario, da al cristiano la fuerza para interactuar con el mundo, a fin de responder a las necesidades de los demás, especialmente de los más débiles”.

“Se necesita una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas estériles”, apuntó, en consonancia con la crítica constante contra la corrupción que ha lanzado durante su estancia en Camerún.

“Les estoy muy agradecido por la bienvenida que me han brindado, por los momentos de alegría y fe que hemos vivido juntos”, compartió el Papa en una nación donde uno de cada tres habitantes es católico. Además, puso en valor cómo “la Iglesia en Camerún está viva, es joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su diversidad y maravillosa en su armonía”.

La cercanía de Jesús

El Pontífice agustino expresó que “la fe no nos libra del desasosiego y las tribulaciones, y en algunos momentos puede parecer que el miedo nos venza”. Sin embargo, justo después, sentenció que “Jesús no nos abandona”.

Misa de León XIV en su despedida de Camerún

Misa de León XIV en su despedida de Camerún

León XIV reconoció en la homilía que la Iglesia ha experimentado “tantas veces, en su travesía a lo largo de los siglos, tormentas y ‘vientos contrarios’”. “Jesús está con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal”, insistió. Por eso, subrayó, que “proseguimos, siempre con valentía y confianza”.

La alegría de los cameruneses durante la misa no solo se expresó en los cánticos y danzas en distintos momentos de la ceremonia, sino también en el griterío y los aplausos durante la homilía cada vez que el Pontífice los animaba a seguir adelante.

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