Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Los venezolanos exigen respeto


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Los recientes acontecimientos en Venezuela han despertado una serie de comentarios de todo tipo, convirtiendo la discusión en un asunto primordialmente ideológico y poco humano.



Esto no es una novedad, solo lo humano puede deshumanizarse, y hay que ser deshumano para atacar y re atacar a la víctima.

La víctima siempre merece respeto. Lo repito: la víctima siempre merece respeto, porque nadie conoce la profundidad del dolor vivido a causa del agr09esor. Sanar las heridas invisibles requiere un largo proceso de reconstrucción interior.

Por ello, resulta inadmisible que se pretenda dar lecciones de derecho internacional y de derechos humanos a los venezolanos, cuando precisamente la inacción de la comunidad internacional ha permitido que el verdugo viole sistemáticamente los derechos humanos y ejecute crímenes de lesa humanidad.

Quien no ha vivido bajo una dictadura no puede hablar con autoridad sobre ella, porque no la conoce. Tal vez haya leído al respecto, pero no la ha padecido en carne propia.

Bandera

Solidaridad frente al prejuicio ideológico

La causa de Venezuela no es la bandera política de nadie ni un argumento acomodaticio para imponer mezquinos intereses partidistas.

El sufrimiento del pueblo venezolano tampoco pertenece a ninguna ideología. La tragedia ha sido por quedar atrapados bajo intereses financieros y comerciales barnizados de discursos ideológicos.

Edgar Morin, al reflexionar sobre lo humano en los seres humanos, señala: “Se puede compartir y vivir por empatía la alegría y el dolor del otro, pero la alegría y el sufrimiento, aunque compartibles, son intransferibles”. Por ello, nadie conoce verdaderamente el sufrimiento de los venezolanos.

A nadie le duele más la patria que a quienes la perdieron. Y no se trata de un concepto político-territorial abstracto, ni del cálculo capital de los recursos, sino del sentido profundo y del vínculo trascendente con las propias raíces.

Los venezolanos merecen respeto ante su sufrimiento

Por eso, sí: las víctimas exigen respeto, y los venezolanos que han sido víctimas también lo merecen y lo reclaman frente a la incomprensión ajena.

No solo han tenido que enfrentar el exilio, la migración, los choques culturales de integración, la xenofobia abierta en muchos lugares, la carestía y la separación dramática de sus familias, sino también el juicio y el señalamiento de que no aman a su patria, como si quienes están fuera no quisiesen a Venezuela.

El respeto, como capacidad humana, exige al menos silencio, pues nadie sabe lo que siente y sufre un venezolano, salvo otro venezolano.

En un mundo en el que rige la llamada globalización de la indiferencia, lo verdaderamente digno y moralmente correcto sería expresar una solidaridad sincera con la víctima. Algo semejante a un #MeToo, porque nadie inventa la violación de sus derechos humanos. Resulta inaceptable que hoy se grite a los venezolanos: “Yo no te creo”, como si la tragedia de dos décadas fuera una elucubración colectiva.

Por ello, si no se es capaz de empatizar con la víctima —que probablemente esté cerca: en el vecino, en el compañero de trabajo, en la persona en situación de calle del metro—, al menos permítase guardar silencio y respetar el dolor ajeno.


Por Rixio G Portillo R. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey