Ahora que es tiempo de poner en marcha los planes pastorales o las programaciones parroquiales, ahora que comienza la maquinaria comunitaria a calentar motores, me topo con el comienzo de la primera carta de Pablo a los Corintios. Estaba citada en un texto, sobre el plan pastoral, que no es un conjunto de actividades, iniciativas o propuestas de trabajo, sino una invitación a caminar juntos, a renovar nuestra vida cristiana y a seguir creciendo como Iglesia llamada a vivir la comunión, celebrar la fe, servir a los hermanos y anunciar el Evangelio.
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Pero nuestra fragilidad nos hace equivocarnos y debemos revisarnos, cambiar y volver a empezar. Estar abiertos a la conversión es la consecuencia lógica de dejar que sea el Espíritu, y no cada uno de nosotros, quien dirija la historia de la Iglesia. Las cosas van bien, pero a veces los de Cloe nos avisan que algunos quieren ir por libre. Parece ser que Cloe era una afamada comerciante de Corinto, y sus empleados, algunos cristianos, viajaban de un lado para otro comerciando y llevando noticias.
En el primer capítulo de la carta, ¡escrita unos 20 años después de Pentecostés!, Pablo recrimina y corrige a aquella Iglesia naciente porque se estaba dividiendo en diversas facciones o partidos religiosos basados en las simpatías a los distintos guías. La división interna estaba produciendo sectarismos y fanatismos: ¿acaso está dividido Cristo?, gritaba Pablo.
Los estudiosos de la Biblia dicen que los que seguían a Pablo reivindicaban a su fundador local. Los de Apolo, judío de Alejandría, lo preferían porque era un orador elocuente y muy brillante, ya lo habíamos descubierto en el libro de los Hechos. Los de Pedro, porque era el apóstol original. Y los de Cristo, curiosamente, utilizaban en vano su nombre para ponerse por encima de los demás. El problema, dice Pablo, está en esos que andan diciendo… no eran todos.
Un camino en la unidad
Antes de iniciar el año pastoral, deberíamos meditar 1 Cor 1, 10-17, nos ayudaría a comprender el porqué de este esfuerzo de trazar un camino en la unidad. Vivimos en una sociedad que cambia profundamente y nos plantea preguntas nuevas. Pero también hay en ella personas que buscan sentido, verdad, esperanza y una comunidad donde sentirse acogidas.
Pablo dice que le han informado de divisiones, por eso pide, también a nosotros, que haya concordia, que desterremos cuanto signifique división y recuperemos la armonía, pensando y sintiendo lo mismo. Todo el capítulo 1 es programático y, si de algo hay que presumir, dice, que sea de lo que ha hecho el Señor. Pocas palabras son suficientes. ¡Ánimo y adelante!
