La expectativa generada por la primera encíclica de León XIV no responde únicamente a la coyuntura del tema de la tecnología y de la IA, sino a una realidad más profunda, la existencia y el futuro de lo humano.
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Ante un mundo deshumanizado, que deshumaniza las relaciones, la economía, la política y por ende las redes sociales, es más que valiente que el papa León XIV levante la bandera de lo humano, apostando por aquello inalienable y que ninguna máquina podrá igualar, ser, ser humano.
Aunque es apresurado hacer un análisis sobre el inmenso contenido del documento, si es posible un abordaje numérico, de primera mano, para saber la postura del papa y su apuesta por el futuro.
El documento no es sobre la tecnología
La encíclica no es sobre la inteligencia artificial; es sobre la persona humana en el tiempo de la IA. La expresión «inteligencia artificial» aparece diez veces y el vocablo «inteligencia», unas veinte; de tal manera que, así como Laudato Si’ no fue una encíclica verde, Magnifica Humanitas no es una encíclica tecnológica ni artificial.
¿Qué es?, ¿de qué va? Los números ofrecen una pista. La palabra «persona» aparece 191 veces en el texto; la raíz de humano/a registra 325 coincidencias; asimismo, el vocablo «dignidad» aparece 104 veces y «humanidad», en 61 ocasiones.
¿Por qué esto resulta importante? La respuesta es muy sencilla, porque la Iglesia y el cristianismo han sido claves para la concepción antropológica de la persona humana y su dignidad en el pensamiento occidental. Porque es la herencia recibida, porque es la tarea de todos los tiempos, velar por lo humano en ser auténticamente humanos.
La encíclica no es neutral, ni podría ser reducida a la izquierda o la derecha, porque ante la causa del hombre y la mujer no se puede ser neutral ni indiferente. La causa humana involucra a todos y todos, en mayor o menor medida, son responsables los unos de los otros.
El texto es un aporte actualizado de la Doctrina Social de la Iglesia, enseñanza que tampoco es neutral ni puede ser reducida a cualquier forma parcial de ideología. Son criterios de discernimiento y acción, y es precisamente la categoría de “criterio” la que exige el entramado de la IA.
Los temas de la paz, el progreso, la verdad, la política, la economía, el diálogo, están puestos en una perspectiva de continuidad que hace “nueva” la llamada a la responsabilidad común y compartida, pues “si una tecnología promete emancipación, pero produce nuevas formas de subordinación global, contradice el principio fundamental de la dignidad de la persona”, dice el papa.
Unas primeras ideas claves en el documento
Una primera lectura ofrece algunas frases que pueden constituir un legado antropológico fecundo, más allá de la trivialidad algorítmica que se agota en lo inmediato, lo novedoso, lo popular o lo viral; pues la encíclica dice más que cualquier base de datos enriquecida, pero carente de sabiduría.
1.- La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona.
2.- La uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos.
3.- Para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social.
4.- En el centro de la visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre y la mujer son creados “a imagen y semejanza” (cf. Gn 1,26-27) del Dios trinitario.
5.- Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación.
6.- Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías, de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos.
7.- El riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.
8.- No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana.
9.- Una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica.
10.- El futuro de una persona no es calculable, sino que está confiado a su libertad ―elevada por la inagotable gracia divina― y a las relaciones que cultiva.
Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey
