Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

La vida nueva para América Latina


Vida Nueva publica una nueva edición de su revista para América Latina, y no solo vale la pena celebrar la iniciativa, sino destacar la relevancia de un nuevo espacio para abordar la realidad del continente.



Los desafíos son conocidos por todos: la discusión ideológica con los problemas de siempre, la violencia, la pobreza, la migración, las condiciones mismas de la democracia extraviada en varios países. Un continente herido, con las venas abiertas, que la ideología no ha querido curar.

Sin embargo, el remanente siempre será el empeño de ser mejores, de cambiar, de trabajar por la vida nueva, y en eso la Buena Nueva tiene su influencia, a través del servicio de la Iglesia, que ha estado allí, y lo seguirá estando.

Servicio que se concretó con el primer papa latinoamericano, Francisco, que sin duda alguna contagió con su humor y carisma a la Iglesia universal, con el valiente llamado a la alegría del Evangelio.

Banderas

El aporte de Francisco no fue solo en los gestos, sino también en una lectura de la realidad desde la sensibilidad por los pobres, en las periferias. Argentina le dio a Bergoglio ese sentido de una Iglesia pobre para los pobres que hoy sigue siendo necesario.

Por su parte, en esas novedades del Espíritu Santo, la elección del papa León XIV, que es un personaje curtido en la periferia latinoamericana, pues no es posible pensar a Prevost sin Perú, ni a Perú sin el servicio de Prevost y de los agustinos, confirma lo mucho que aún la Iglesia en América Latina puede ofrecer.

Por eso, la pertinencia de una revista específica para el continente, pues, de alguna manera, la madurez de fe de la gente sencilla puede ser ejemplo de vida nueva.

El ejemplo de los grandes de América

El servicio generoso de grandes mujeres: Laura Montoya, Mamá Antula, María de San José, Carmen Rendiles, que siguieron el ejemplo de Rosa de Lima. América Latina ha sido pionera en una Iglesia madre, con sensibilidad de mujer que acoge con ternura a sus hijos heridos.

El testimonio de Oscar Romero, mártir de fe, de libertad, profeta contra la opresión, es referente de ese discipulado de Vida Nueva, y desde ya lo propondría como patrono de la edición, porque la valentía de su denuncia no se debía a la fuerza física, ni siquiera a la astucia diplomática para manejarse entre políticos, sino a la llama encendida en su interior por el sufrimiento de su pueblo.

Los temas de la revista, sin conocer mucho la decisión editorial, seguramente estarán enmarcados en esta imperiosa necesidad que tenemos de la profecía de Romero, ante la iniquidad que parece asfixiar a la gente.

Los ejemplos están a la vista: la persecución religiosa en Nicaragua, con varios obispos en el exilio, incluso manteniendo la titularidad de esas diócesis; centenares de sacerdotes en las mismas condiciones. En una situación no muy distinta a la de Romero, no es posible callarse.

El quiebre democrático en Venezuela, la paupérrima situación de Cuba, los populismos con pretensiones autoritarias en otros países son una llamada viva para iluminar la fe de esos católicos, pues la fe, a pesar de todo, ha mantenido la llama encendida de la esperanza.

Precisamente por eso, celebrar Vida Nueva Latinoamericana y confirmar el llamado a ser profetas de libertad en la opresión; discípulos de fe y Evangelio en la cotidianidad, y tejedores de encuentro y fraternidad frente a los prepotentes de la división.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.

Foto: Luis Astudillo C. – Cancillería del Ecuador