¿Es el Corpus una fiesta para vivir en la periferia?


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La tradición

No sé si cuando Juliana de Cornillon puso en marcha, en 1246, la primera procesión del Corpus Christi en la industrializada Lieja, en Bélgica, pensó en la posible celebración de la misma por los papas de Roma. Esta iniciativa devocional se ha expandido desde la Edad Media por el tiempo y el espacio. Entre el pasado jueves y este domingo, las procesiones con el Santísimo Sacramento han tomado muchas calles y ciudades. Más allá de los milagros que la historia recoge entre las custodias empleadas en los desfiles procesionales o de los cantos compuestos en torno a este fenómeno, la festividad litúrgica se ha ido adaptando.

Sin que deje de sonar el ‘Pange Lingua’ o se monten alfombras y balcones, la renovada teología eucarística del Vaticano II propició la vinculación de la jornada con Cáritas y el ejercicio de la caridad como una concreción natural del lavatorio de los pies o del pan partido en la vida diaria.

En Roma, la primera procesión por las calles data de 1447, gracias al impulso de Nicolás V. Pero la tradición con Francisco ha sufrido unas adaptaciones que no han sido bien recibidos por sus críticos dentro de las filas eclesiales. El calendario vaticano mantiene la celebración en jueves y no en domingo, pero al celebrarlo ese día en la catedral de san Juan de Letrán y recorrer la procesión el trecho que separa la basílica laterana de Santa maría la Mayor –en terreno italiano, donde no es festivo ese jueves– el caos circulatorio era total. La alcaldesa Raggi –y miles de conductores y policías locales– respiró con el traslado al domingo.

Además, muchos –y ya no extraña entre pasillos curiales– se felicitan del bajón de asistencia de fieles en este día solemne en la explanada junto al inicio de la vía Apia en San Juan, sobre todo en parte por la decisión del propio Francisco de no procesionar junto a la custodia para mantener la centralidad en el Cristo Eucaristía. Las críticas que han llovido por el traslado de la celebración al domingo y la discreción papal que desaparece en el recorrido para dar la bendición final han sido constantes.

Y por aquello de echar más leña al fuego –aunque queda totalmente descartado que sea este el motivo– todo se complica con el siguiente paso en relación a esta fiesta: salir del recorrido de las basílicas mayores. Por eso, en 2018, justo 50 años después de haberlo hecho Pablo VI, el Papa celebró el Corpus en localidad costera de Ostia, la playa de Roma, una población castigada por el crimen organizado –como bien refleja la película y su continuación en la serie ‘Suburra’ de Netflix–.

El barrio

Siguiendo esta estela de las periferias, este 2019 el papa Francisco ha elegido un barrio de lo más normal y popular para celebrar esta jornada eucarística: Casal Bertone, al lado de Casal Bruciato –que ha sido noticia los últimos meses por algunos ataques racistas hacia inmigrantes y que ha provocado divisiones entre políticos simpatizantes del proyecto de 5 Estrellas–. Un barrio que fue creado hace ahora 100 años en el hueco dejado por las vías de la cercana estación de Tiburtina y que tuvo que ser reconstruido tras las II Guerra Mundial para acoger a los desplazados del vecino barrio de Verano. Su postal más repetida son algunos mastodónticos edificios de viviendas, los “condominios romanos” donde se hacinaban cual colmenas las familias emigradas a la ciudad. Uno de esos “palazzos”, el de los ferroviarios, ha aparecido en ‘Mamma Roma’ y otras películas de Pier Paolo Pasolini.

En el centro se creó en 1945 –en plena reconstrucción tras el conflicto– la parroquia de Santa María de la Consolación. Aunque en los últimos años se han intentado promover algunas iniciativas sostenibles, participativas y democráticas… parece que los vecinos no están muy convencidos de que los políticos hayan encontrado la clave para el despegue. Y eso que de participación e implicación, los habitantes de Casal Bertone saben un rato.

A este barrio de periferia, con historias inacabadas o esperanzas continuamente truncadas –ciertamente junto a brotes de renacimiento–, ha ido el papa Francisco a celebrar el Corpus. A la misma parroquia en la han estado Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI–que llevaba el título cardenalicio del templo y que hizo de ella la primera parroquia visitada como papa–, aunque no en tan señalada ocasión. Desde la reconstrucción son muchos los que se han quedado en el barrio y han configurado su identidad al ser algo más que una ciudad dormitorio o la transición en busca a algo mejor. Como dice el párroco Luigi Lani “a Casal Bertone se viene, no se pasa para ir a otro lado”.

La procesión

Y ahí ha ido el papa Francisco, ha celebrado la misa en la plaza frente a la parroquia y ha dejado que sea el cardenal vicario para la diócesis de Roma, Angelo De Donatis, el encargado de acompañar la custodia con el Santísimo Sacramento por las calles cercanas al templo –que, como la mayoría de las manzanas cercanas llevan nombres de los generales del Risorgimento o de las guerras coloniales italianas –, verdadero corazón del barrio. 

En su homilía, Francisco ha querido conjugar los verbos decir y bendecirLa Eucaristía es una escuela de bendición. Dios dice bien de nosotros, sus hijos amados, y así nos anima a seguir adelante”, señaló, ya que cuando se bendice algo “no se hace algo para sí mismo, sino para los demás”, “con amor”. Por eso pidió a los sacerdotes que no tuvieran “miedo en bendecir” frente a la proliferación de insultos y maldiciones.

Subrayando cómo el pan llega para todos en el evangelio cuando se comparte, Bergoglio ha señalado que “la ‘economía’ del Evangelio multiplica compartiendo, nutre distribuyendo, no satisface la voracidad de unos pocos, sino que da vida al mundo”. Por ello, la eucaristía es el antídoto frente a todo egoísmo. Por eso pidió a todos arriesgar lo poco que se tiene porque “es mucho a los ojos de Jesús”. “En nuestra ciudad, hambrienta de amor y atención, que sufre la degradación y el abandono, frente a tantas personas ancianas y solas, familias en dificultad, jóvenes que luchan con dificultad para ganarse el pan y alimentar sus sueños, el Señor te dice: Tú mismo, dales de comer”, concluyó.

Sí, el Corpus en la periferia es capaz demostrar el misterio eucarístico con la misma fuerza que las palabras de Jesús a los suyos entregándose con un trozo de pan y una copa de vina, entregándose ciñéndose las vestiduras arremangándose para lavar los pies de sus discípulos. “Haced esto en memoria mía”.