Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

En el cielo las cosas serán distintas


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Las noticias en Venezuela no dan descanso, apenas la semana pasada comentaba en este espacio, la historia de la señora Carmen Teresa Nava y la desaparición forzosa de hijo Victor Quero, y unas horas después se conoce también el fallecimiento de la anciana.



Son tantas las cosas que habría que decir, tantas preguntas que quedan sin respuesta, tanto horror que parece sacado de una película. No parece posible que en un corazón humano se albergue tanto mal, y si, en Venezuela muchos les hicieron un terrible mal a la señora Nava.

No es necesario encarcelar y asesinar para ser responsable de la muerte de alguien, los que causaron el sufrimiento de la señora Nava también llevarán en su conciencia la tristeza que llevó a la anciana a fallecer. El dolor en el alma a veces resulta insoportable.

Más que justicia, quisiera ser ingenuo al pedir la conversión de los verdugos, un poco en esa lógica de San Óscar Romero, al menos ya que nadie lo hace, ni los obispos, ni los curas, ni nadie. En nombre de Dios, conviértanse y detengan el mal.

“Clamo contra la injusticia, pero solo para decir a los injustos: ¡Conviértanse! Clamo en nombre del sufrimiento, de los que sufren injusticia, pero solo para decir a los criminales: ¡Conviértanse! ¡No sean malvados!”, dijo el obispo mártir de América.

Carmen Navas

La vocación irrenunciable de ser madre

A la señora Nava, que desde el cielo ahora vela por la Venezuela que llora su partida, que su descanso merecido sea consuelo, que el encuentro con su Hijo, que le negamos en este mundo, sea eterno en ese otro mundo.

No es posible no pensar en Santa Mónica, y la frase de Ambrosio: “No puede perderse el hijo de tantas lágrimas”, y es que la señora Carmen encontró a su Hijo tras un año de tantas lágrimas, que le han sabido a poco a sus verdugos.

En el cielo las cosas serán distintas, serán mejores, quizás comprenderá lo que ocurrió, quizás entenderá lo que para nosotros es incomprensible, y quizás rezará por los que le hicieron tanto mal, pues encontrará un sentido que para los demás resulta un misterio oculto.

Dios acontece en medio de tanto horror

Y cómo Dios siempre acontece, que su muerte sea en mayo, en el mes de la Virgen María, en el mes de la madre, confirma lo que dije en el texto anterior, su título absoluto es de madre, y de una buena madre, y lo seguirá siendo por toda la eternidad.

Eternidad que es algo real, pues también, su tránsito es en la cincuentena pascual, en el día de la Ascensión, y es precisamente la resurrección, motivo de la esperanza que nos hace creer que tanto odio, tanto mal, tanta inequidad tiene los días contados en Venezuela.

El mal no vencerá, el mal no vencerá, el mal no vencerá ni en Venezuela ni en el mundo. Hay que repetírselo para no envenenar el alma.

Señora Carmen, si ayer lloramos a su hijo, hoy la lloramos usted, pero que el llanto se convierta en fuerza y ánimo para seguir creyendo en la Esperanza de aquel que venció la muerte, la muerte de su hijo, su muerte, y la muerte de la patria que sigue desangrando a sus hijos.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.

Foto: cortesía de Clippve