José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

El liderazgo según León XIV: consecuencias y características


En tiempos recientes, y a propósito de una clase que impartí sobre Ética y Liderazgo en la Función Pública, el tema me interesó, al grado de publicar mis notas y apuntes en un libro cuyo título es ‘Ser líder. Ser Iglesia. Liderazgo pastoral para una Iglesia de puertas abiertas y en salida‘ (PPC, México 2020).



Con el paso de estos años, el perfil del liderazgo que ahí planteaba, muy inspirado en el ejercido por Jesucristo con sus discípúlos -narrador de historias, gestual, equilibrado pero arriesgado y libre, que no desprecia a los pecadores, sanador y resolvedor, misericordioso, con autoridad pero dispuesto a escuchar, transformador, y capaz de dar la vida por sus colaboradores-, ha venido cambiando radicalmente, sobre todo en los gobernantes de los grandes países.

Pareciera que ahora se privilegian las conductas belicosas, groseras y polarizantes, en vez de la serenidad, la mesura y los llamados al diálogo que prevalecían en el pasado. En este contexto, es refrescante el mensaje del papa León XIV a los participantes en el Encuentro con los moderadores de asociaciones católicas de fieles, de movimientos y nuevas comunidades eclesiales, el pasado jueves.

León XIV recibe en audiencia a los nuevos embajadores ante la Santa Sede. Foto: Vatican Media

El Papa León XIV recibe en audiencia a los nuevos embajadores ante la Santa Sede para la presentación de sus cartas credenciales. Foto: Vatican Media

En su alocución, Prevost Martínez señala tres consecuencias del gobierno-liderazgo que deben existir en la Iglesia, inspiradas por el Espíritu Santo. “La primera es que debe ser para el bien de todos, es decir, para promover el bien de la comunidad, de la asociación y de toda la Iglesia. El gobierno -yo diría el liderazgo-, por lo tanto, nunca puede ser aprovechado para intereses personales o formas mundanas de prestigio y poder. La segunda es que nunca puede ser impuesto desde arriba, sino que debe ser un don reconocible en la comunidad y libremente acogido; de ahí la importancia de elecciones libres para hacerlo efectivo. La tercera consecuencia es que, como todo carisma, también el gobierno de una asociación está sujeto al discernimiento de los pastores, quienes velan por la autenticidad y el ejercicio razonable de los carismas”.

Y continúa el Papa norteamericano-peruano: “Hay algunas características que deben estar siempre presentes en el gobierno de la Iglesia: la escucha recíproca entre los hermanos, la corresponsabilidad, la transparencia, la cercanía fraterna y el discernimiento comunitario”. Y remata: “Un buen gobierno, en lugar de concentrarlo todo en sí mismo, promueve la subsidiariedad y la participación responsable de todos los miembros de la comunidad”.

Y para concluir, arremete contra los capillismos, tan frecuentes en nuestras parroquias y movimientos apostólicos: “Una parte de la tarea profética de quienes gobiernan consiste en favorecer la apertura… a las situaciones históricas. La pertenencia… no se agota en la participación en actividades internas del grupo, sino que interpreta los signos de los tiempos y se proyecta hacia el exterior, dirigiéndose a todos, a la cultura de la época y a los campos de misión aún no explorados”.

Pero no se piense que el mensaje papal va dirigido solo a los gobernantes de las naciones. No. También, y en primer lugar, a párrocos, superioras de congregaciones religiosas -¿cuándo quitarán ese título?- y cooordinadores de grupos parroquiales.

Pro-vocación

Mañana se publica ‘Magnifica Humanitas’, primera encíclica de León XIV. Resulta imposible no asociarla con la ‘Rerum novarum’ -de las cosas nuevas- de León XIII, publicada el cinco de mayo de 1891. Y hoy, esas “cosas nuevas” no pueden ser otras que la Inteligencia Artificial y los retos que le está planteando a la Iglesia y, especialmente, a la humanidad. Habrá que leerla.