Ianire Angulo Ordorika
Profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Loyola

El jugador número 12


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En la lista de gustos que me hacen más difícil mi vida social se encuentra mi escaso o casi nulo interés por el fútbol. Por más que el Athletic de Bilbao sea una cuestión afectiva y desearía que ganara algún título, no soy capaz de ver ni siquiera una de las tantas finales de Copa que este equipo acostumbra a perder. Como os podéis imaginar, ni siquiera la Eurocopa o el Mundial consiguen superar está barrera, y se me hace muy complicado sacar temas banales en las conversaciones cotidianas. A pesar de que no sea mi hobby, es verdad que escucho y aprendo de los comentarios que se hacen a mi alrededor. Por eso, aunque no esté siguiendo nada de la Eurocopa, he oído hablar de Morata, de goles en propia puerta, de partidos de infarto que se resuelven en la prórroga o en los penaltis o de equipos muy buenos que han regresado a su casa con las orejas gachas, mientras España ha conseguido pasar a semifinales. 



Apasionados

Quizá lo que más me llama la atención es la capacidad que tiene el fútbol de mover pasiones en un mundo que a veces resulta apático. Cualquiera es capaz de, sin seguir un partido, conocer su resultado por los gritos, bocinas o cohetes que resuenan cuando se mete un gol. Este deporte activa esas energías interiores que escondemos cada uno de nosotros y que son capaces de movilizar a toda persona. Además, las pasiones tienen la propiedad de que se contagian con cierta facilidad. Igual, mirando a tanto forofo futbolero, podríamos preguntarnos cómo andamos nosotros de pasión. Vaya a ser que, sin darnos cuenta y sin quererlo, nos encontremos en un estado de apatía existencial o de rutinas mal vividas que difuminan aquellas realidades cotidianas capaces de despertar la pasión por la vida, por más que no la expresemos pintándonos la cara o llevando camisetas conmemorativas.  

Álvaro Morata España Eurocopa 2021

Hemos recibido la fe porque antes de nosotros hubo gente que se dejó apasionar por un Galileo que resultó ser el Señor. La Buena Noticia ha llegado a nosotros porque hacer la experiencia del Dios Misericordia movilizó a muchos a lo largo de la historia. Como Pablo, no han sido pocos los que no podían callar las certezas que les salían por los poros y sus propias vidas gritaban sin palabras, porque “¡Ay de mí si no evangelizara!” (1Cor 9,16). Dejémonos contagiar esa loca pasión de quienes amaron con locura porque así se sabían amados ellos. Quizá no juegue en la Eurocopa, pero igual es un buen momento para pensar en este “equipo” que sentimos como nuestro, que hemos de alentar con fuerza y del que nos sentimos partícipes… aunque sea como “jugador número doce”.