¿De quién podemos recibir lecciones?


Es muy frecuente, tanto en ámbito político como periodístico, escuchar a algunos individuos replicar a los de enfrente que no pueden recibir lecciones de ellos, ya que su vida y milagros no lo permitiría. Esta postura se situaría radicalmente en contra del aforismo que, al parecer, se encuentra en la obra de Antonio Machado ‘Juan de Mairena’: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Agamenón: Conforme. El porquero: No me convence”.



En la Escritura encontramos algunos ejemplos interesantes de cómo se puede percibir el designio de Dios por medio de personas que, por sus circunstancias, se considerarían muy alejadas de él. Así, el profeta Jeremías pone en labios de Dios: “Por no haberme hecho caso, voy a mandar que busquen a todos los pueblos del norte ‒oráculo del Señor‒ y a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia. Los traeré contra esta tierra y sus habitantes, y contra las naciones de alrededor” (Jr 25,8-9).

El rey que acabó conquistado Jerusalén ‒y que será duramente criticado en la Escritura‒ recibe el elogioso título de “siervo” del Señor, porque cumple sus planes (en este caso, el castigo de Israel por su mala conducta).

Congreso de los diputados.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo en el Congreso de los Diputados. Foto: EFE

Un caso muy parecido lo tenemos en la profecía de Isaías, concretamente en los capítulos 40-55, que, como se sabe, se atribuyen al llamado Segundo Isaías: “Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro: ‘Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren. Yo iré delante de ti, allanando señoríos; destruiré las puertas de bronce, arrancaré los cerrojos de hierro; te daré los tesoros ocultos, las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre’” (Is 45,1-3). Hay que recordar que “ungido” se dice en hebreo “mesías”, y que Ciro es un rey extranjero.

Coherencia personal

En el caso del Nuevo Testamento, siempre me ha llamado la atención el episodio de la siro-fenicia o la cananea, tal como, respectivamente, la llaman los evangelistas Marcos (7,24-30) y Mateo (15,21-28). Un episodio en el que, como se recordará, se muestra a Jesús cambiando de opinión, a propósito de los destinatarios de su misión, porque ha escuchado la petición que le hace una mujer “extranjera”.

En realidad, todos deberíamos estar dispuestos a recibir lecciones de vida de cualquiera que las tenga buenas y no dejar que las circunstancias o condiciones de esas personas las oculten (aunque hay que reconocer que la coherencia personal es importante).