Rafael Salomón
Comunicador católico

Compartir el amor de Dios


Hacer lo correcto sin esperar nada, sin ser observado, por el hecho de querer realizar las cosas de la mejor manera, habla mucho acerca de la persona y del corazón de cada quien. La vida nos ofrece grandes oportunidades para responder, omitir o simplemente fingir que no nos dimos cuenta o que no vimos aquello en lo que podíamos involucrarnos.



Las buenas acciones al transformarse en realidad, dejan de estar en solo ‘buenas intenciones’ y es cuando adquieren el verdadero significado. Lo hecho es lo que cuenta y no solo aquello que queda en nuestro pensamiento, ‘obras son acciones’. Es importante que reconozcamos que hacer el bien no es buscar reconocimiento, es el amor de Dios en nosotros y deseamos compartirlo de la misma forma en que lo hemos recibido.

“Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”. Mateo 5,16.

Vivir haciendo el bien constantemente

Las buenas acciones nacen de un corazón transformado por Dios, nuestro ser se va moldeando en las manos del alfarero y como cristianos estamos llamados a vivir haciendo el bien constantemente, es una manera de anunciar de forma concreta el mensaje del amor entre nuestros hermanos, hacer el bien constantemente es nuestro compromiso amoroso.

Voluntariado

Voluntariado en Doñana. Foto: EFE

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”. Gálatas 6, 9. Se trata de llevar esperanza en todo momento con nuestros actos, con nuestros pensamientos, compartiendo gestos de amor y como lo mencionó constantemente Jesucristo, dando ánimo.

Una acción pequeña puede transformar la vida de alguien y si comprendiéramos lo valioso que es esto, seguramente haríamos más acciones buenas frecuentemente. Sin embargo, nuestros problemas, la vida tan veloz que llevamos, no nos deja ver la importancia de estos sencillos actos de amor y estamos tan agobiados por nuestros problemas, que muchos de nosotros no tenemos ‘tiempo’ para mirar a nuestro prójimo.

Las buenas acciones: semillas del Reino de Dios

“Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicieron“. Mateo 25,40.

Todo acto de bondad combate el egoísmo y genera un ambiente de fraternidad y paz, nos humaniza y nos acerca más a quienes necesitan sentir la cercanía de Dios. Las buenas acciones no son simples detalles de cortesía; son semillas del Reino de Dios que podemos sembrar cada día.

La fuerza de nuestras acciones habla más que las palabras, cuando hacemos el bien con amor y humildad, permitimos que la presencia de Cristo llegue a través de nosotros a quienes más lo necesitan. “Hijos míos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”. 1 Juan 3,18.