Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

El corazón latinoamericano de León XIV


Uno de los elementos clave de los misioneros es el arraigo en el lugar al que sirven. La inculturación del Evangelio los lleva a asumir la realidad en la que se encuentran y, en muchos casos, esta llega a formar parte distintiva de su propia identidad.



El mejor ejemplo es el papa León XIV, quien, sin duda alguna, es un referente misionero, pues no es posible comprender a Robert Francis Prevost sin Perú, ni hablar hoy de la Iglesia en Perú sin mencionar a Robert Francis Prevost.

Prevost de Perú

Un elemento que creo importante resaltar en Robert Prevost es la huella digital de su servicio en Perú. Si bien es cierto que responde a la cultura mediática y tecnológica del momento, no deja de ser curioso que las redes estén inundadas de imágenes y videos del fraile en su cotidianidad latinoamericana.

En cumpleaños, fiestas de disfraces, cantando en posadas navideñas o encerrado en una cárcel, participando en una dinámica para liberar al obispo, son escenas que muestran el corazón latinoamericano de Robert Francis Prevost.

El idioma es otro factor clave. En las primeras de cambio, el español le surge de manera espontánea. Sin duda alguna, el papa piensa en español, aunque es innegable que tiene una habilidad admirable para manejar varias lenguas.

Prevost

Tres países para abrazar un continente

Todos estos elementos permiten encuadrar la relevancia del viaje del papa a América Latina, con intenciones que emergen en la agenda de cada uno de los días.

Perú representa el regreso a casa, a las raíces del servicio misionero, al compromiso de cuando entregó su vida. En Chiclayo, Prevost aprendió a ser obispo, pero en Perú aprendió a ser cristiano.

Argentina y Uruguay representan herencias recibidas del papa Francisco, pues, por razones distintas, no pudieron entrar en su agenda. El primero, por el profundo respeto que el papa porteño sentía por su país y por la figura del pontífice. Decía que no quería visitarlo en tiempos de elecciones, y siempre había elecciones. Sin embargo, nunca dejó de querer a su patria y, desde Roma, de cargarla sobre sus hombros.

En Uruguay destaca el gran empeño de evangelizar a tiempo y a destiempo, como símbolo de una sociedad plural y secularizada, y la apuesta por el compromiso misionero. Como se ha dicho, en Prevost la misión no es un discurso abstracto, sino que se traduce en acciones concretas: su vida está dedicada a esto.

Por tanto, cada destino, cada discurso y cada gesto manifestará el corazón latinoamericano de León XIV, así como su vínculo con Romero, el santo del «sentir con la Iglesia». Hoy, América siente el calor y la cercanía de Pedro, uno de los suyos y le da la bienvenida.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Imagen: Conferencia Episcopal de Perú