La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha anunciado este sábado, 12 de septiembre, que el papa León XIV ha nombrado arzobispo coadjutor de la archidiócesis de Rabat (Marruecos) al sacerdote madrileño Mario León Dorado, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. La figura del coadjutor implica que será el sucesor cuando se acepte la renuncia del cardenal Cristóbal López.
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El nuevo arzobispo coadjutor, que desempeñaba hasta ahora la labor de Prefecto Apostólico del Sáhara Occidental, nació el 16 marzo 1974 y según informa el Vaticano, tras cursar estudios en la Facultad de Ciencias Informáticas de Madrid, se licenció en Teología en la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid, siendo ordenado sacerdote el 2 de junio de 2001.
De administrador a coadjutor
Este movimiento se da dentro de la investigación abierta sobre el actual arzobispo de Rabat, el cardenal Cristóbal López Romero, que ya el pasado 3 de agosto anunció que la diócesis sería gobernada “provisionalmente” por “un administrador apostólico”. Ese administrador era Mario León Dorado quien ya podía actuar con “todos los derechos y facultades concedidos a los obispos residentes”. Ahora se da un paso más, en la misma línea ya que López Romero, aunque sigue siendo el arzobispo titular de Rabat, sigue en la situación de haber rechazado toda capacidad de gobierno.
Todo ello mientras continúe la investigación sobre su persona que AFP destapó el 7 de julio, cuando dio a conocer que cinco mujeres adultas le habían denunciado por agresiones sexuales. Los hechos, según la agencia, habrían ocurrido entre 2009 y 2024, tanto en Marruecos como en otros países donde el cardenal salesiano habría desempeñado su ministerio. Y, entre otras cosas, incluirán “tocamientos no consentidos y abuso de autoridad espiritual”.
Ese mismo día, el purpurado español publicó un comunicado en el que anunciaba que había decidido “dar un paso atrás” y mantenerse al margen de toda actividad pública y pastoral mientras la Santa Sede investigaba el caso.
En su mensaje, López Romero se presentaba como “completamente inocente”. Eso sí, puesto que la Iglesia, al recibir una denuncia, había abierto “una investigación preliminar”, él se mostró en todo momento comprometido a “cooperar” para que el proceso “pueda desarrollarse con total libertad y transparencia”.
