En ‘El pastor y los lobos’ (Seix Barral), el escritor peruano Santiago Roncagliolo se adentra en la figura de Robert Prevost, León XIV, obligado a lidiar con los pecados de la Iglesia: abusos sexuales, delitos financieros y hasta obispos que recurren a sicarios para amenazar a sacerdotes. La investigación se convierte en un inesperado ‘thriller’ sobre el poder, la fe y las luchas internas del Vaticano, pero también en un viaje íntimo.
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PREGUNTA.- ¿Está más cerca de Dios después de escribir este libro?
RESPUESTA.- Estoy más cerca de la fe y de entender que tienes que creer en algo. Quizá soy demasiado racional para creer en cuestiones como la virginidad de María, pero he entendido lo que significa la fe y he aprendido a apreciar lo que puede darte.
P.- ¿Algún descubrimiento inesperado sobre el papa León XIV?
R.- Lo que más me impresionó fue encontrarme con lo mejor y lo peor de los seres humanos: gente que te conmueve por su bondad y gente dispuesta a destruir la vida de niños. De León XIV me impresionó su capacidad para moverse entre todo ello sin crear una guerra.
Discreto y conoce la Curia
P.- Le retrata como un hombre que escucha y dialoga, pero también implacable…
R.- Hace todo lo posible por dialogar, pero cuando considera que el diálogo no va a ninguna parte, no le tiembla la mano. Francisco le preparó para sucederle. León es más discreto y conoce la Curia.
P.- ¿Puede reconciliar a las dos Iglesias, la de la tradición y la que busca a Dios entre quienes sufren?
R.- Está intentándolo. Muchos críticos de Francisco encuentran en León a un papa que los escucha más y ha evitado algunas de las cosas que más les irritaban. Hay señales claras de que es dialogante, pero no manipulable.
Preocupado por los que sufren
P.- Hubo sectores que hablaban de Francisco como el “papa rojo” o incluso del “antipapa”. León XIV ha recuperado la muceta roja y ciertas formas tradicionales. ¿Es una estrategia?
R.- Siempre ha sido así. Tendemos a verlo todo en términos de izquierda y derecha, pero su discurso incluye a los pobres, los migrantes y los desheredados, y también a los no nacidos, los ancianos enfermos o la eutanasia. Se preocupa por todos los que sufren. (…)
P.- De niño, Dios era su refugio, incluso quiso ser sacerdote…
R.- Siempre he sido una persona espiritual. Todos vivimos frente a cosas más grandes que nosotros y que no terminamos de entender: la totalidad, la divinidad, el bien, el mal… Nos acercamos a ellas mediante historias, canciones, imágenes…
P.- ¿Reza? ¿Se dirige a Dios?
R.- Me dirijo a algo más grande que nosotros, a un misterio, a una trascendencia, y no tengo problema en llamarlo Dios. (…)
