El papa León XIV ha recibido este sábado en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano a los participantes del encuentro “Fratelli tutti: Dialogo socio-ambiental Norte-Sur”, promovido por la Pontificia Comisión para América Latina junto al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Eclesial Amazónica y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
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Durante su intervención, el Papa agradeció la presencia de representantes del ámbito empresarial, sindical, académico y de organismos internacionales, destacando que su asistencia expresa la voluntad de avanzar “hacia modelos de desarrollo más humanos, sostenibles y solidarios, capaces de proteger la dignidad de cada persona y de prestar una atención particular a quienes corren el riesgo de quedar al margen”.
Cultura del diálogo
En su discurso, el pontífice subrayó la importancia de mantener un “diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades”, recordando que forma parte de la misión de la Iglesia “asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo”.
Reflexionando sobre los vertiginosos cambios tecnológicos, León XIV situó la responsabilidad colectiva ante la disyuntiva de “levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. Por ello, enfatizó que frente al avance de la técnica “la cuestión decisiva no es simplemente si aceptamos o rechazamos determinadas herramientas, sino qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá en ella cada persona”.
Cultura de la negociación
Para afrontar estos retos, el Papa abogó por afianzar la cooperación multisectorial, recordando que “los grandes desafíos sociales requieren responsabilidad compartida, participación y colaboración entre los distintos cuerpos de la sociedad”. Frente a las dinámicas de polarización, el Papa remarcó que “escuchar verdaderamente las diferencias no significa diluirlas, sino aprender a discernirlas y a buscar, desde ellas, aquello que puede servir al bien de todos”.
Asimismo, advirtió que el entendimiento requiere firmeza y compromiso verdadero, puesto que “el diálogo verdadero exige algo más que cordialidad: obliga a permanecer en la conversación cuando aparecen intereses contrapuestos y cuando las decisiones reclaman renuncias concretas”. En esta misma línea, instó a promover una sana “cultura de la negociación” capaz de abrir caminos de encuentro y de aportar a la “diplomacia de la paz que nuestro mundo necesita”.
Apoyándose en la Doctrina Social de la Iglesia, a la que caracterizó no como un manual de normas fijas sino como “un proceso de discernimiento compartido”, León XIV recordó que el valor de cualquier consenso se mide “por el impacto que tiene en las vidas de quienes tienen menos poder para defenderse”. Finalmente, evocando la figura bíblica del profeta Nehemías, el Papa animó a los presentes a “entrar en los astilleros de la historia” –incluyendo laboratorios, empresas tecnológicas, escuelas y medios de comunicación– para “reconstruir lo que se ha derrumbado y proteger lo que está amenazado”, haciendo un llamamiento final a lograr que “el progreso de nuestro tiempo no deje nuevas ruinas a su paso, y que todo lo que construyamos sea verdaderamente una casa y un refugio para todos, empezando por los más necesitados”.
