Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

¿Qué no se puede comprar?


No es un texto sobre el slogan publicitario de una marca financiera, sino un comentario sobre aquellas cosas que aunque usted tenga todo el dinero del mundo, no podrá comprar. El materialismo en eso ha logrado su cometido, el hacernos creer que todo se compra o todo se vende.



La idea va un poco en la lógica de que no todo en la vida es material, pues no solo de pan vive el hombre, son muchas otras cosas que realmente son importantes y necesarias, y estas no implican un intercambio financiero.

¿Cuáles son esas cosas?

El dinero, por ejemplo, no puede comprar la confianza, cuando usted ha roto el vínculo de amistad con los demás o se le descubrió sus malas intenciones, ya no puede unir aquello que fracturó, por tanto, la gente desconfía de usted y usted, en la medida egoísta de su yo, desconfía de los demás.

El dinero tampoco puede comprar la honestidad. La honradez no es una patente que se consigue en el mercado y se intercambia al mejor postor pues no es una cosa que se compra, sino una condición que se aprende y se cultiva. Si usted solo pretende hacer negocio sobre millones de víctimas, no puede pretender que las víctimas lo vean como decente. El verdugo siempre es inmoral y como inmoral pasará a la historia.

El dinero no puede comprar el respeto, entendiendo esto como el reconocimiento a la magnanimidad humana, a la valía por las acciones de bien. Usted podrá inspirar miedo a la fuerza, pero no respeto porque no será reconocido como bueno ni bondadoso, sino temido como un mediocre opresor.

El dinero no puede comprar la estima, el afecto, el cariño, los sentimientos de bien, sobre todo porque en cualquier relación estos no surgen de la nada, sino con pequeños gestos de bondad, de servicio, de entrega.

Manos Dolares

El valor de la alteridad

Si se observa bien todos estos elementos, la honestidad, el respeto, la confianza, se ganan poco a poco, se cultivan en una sana convivencia pero sobre todo se confirman desde la alteridad, y más en el caso de la confianza, que surge de manera natural en una sana relación.

Por eso, si, usted puede ser la persona más rica en el mundo, con castillos en Europa, o negocios petroleros en Estados Unidos, pero pobre en humanidad, pobre en don de gente, pobre en virtudes y sin el respeto de la gente de bien.

Y acá no habrá influencer, político, líder, tutor o quien sea, pues la realidad dice más que la idea; y son los actos los que describen cómo es una persona, no la narrativa sobre estas.

Si, aunque suene a slogan publicitario, hay cosas que el dinero no puede comprar, y no habrá riqueza que le haga mejor persona, y no porque el problema sea la riqueza, sino porque sacrificó el ser buena persona, para obtener la riqueza.

Y esta riqueza será su pobre recompensa.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey