La Comisión Episcopal de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes (CEMI) de la Conferencia Episcopal Argentina celebró el Día Mundial del Refugiado, recordando que detrás de cada solicitud de refugio hay una historia marcada por la urgencia de huir: sean persecuciones, guerras o violencia, sufriendo con esto el desarraigo.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Distinguieron un doble camino: por un lado, la necesidad impuesta de salvar la vida y recuperar la dignidad; y por otro, la esperanza en un nuevo país de destino, que puede ser un momento y un espacio de calma y recomposición que, en la mayoría de las casos, se transforma en un nuevo hogar.
Manifestaron, también, que en el encuentro cara a cara con los refugiados ven, tanto las trayectorias forzadas como otras alternativas que tomaron para salvaguardar la vida, por lo que conviven el sufrimiento y la esperanza.
Compromiso pastoral
Comentaron que, desde hace muchas décadas, Argentina recibió de brazos abiertos a migrantes y refugiados. “Somos una sociedad que sabe acompañar a quienes llegan soñando con un futuro mejor, por eso queremos seguir en la escucha, en la contención y la defensa de sus derechos”, expresaron los miembros del organismo eclesial.
Agregaron que, con los mismos refugiados, han aprendido que abrir una puerta es salvar una vida y que la hospitalidad es sólo acostumbrarse a convivir con las diferencias culturales, lo que implica construir comunidad con quienes cargan el dolor del exilio y la esperanza para un nuevo comienzo.
Tomando la invitación del papa León XIV, desean dejar de lado el riesgo de la indiferencia, el riesgo de quedarse inmóviles, silenciosos y tal vez tristes, pensando que no se puede hacer nada ante el sufrimiento de inocentes. Por eso, sabiendo que la realidad del refugiado ya es difícil por lo que vive y por lo que sufre, quieren ser partícipes activos de la cultura del encuentro, una tarea de todos vivir que implica la experiencia humanizadora de la integración.
Este 20 de junio, día en que se recuerda la situación en el mundo de los refugiados, la Comisión Episcopal reafirmó su compromiso de ser voz y presencia junto a quienes fueron forzados a dejar su tierra, y de seguir trabajando por una cultura de hospitalidad que transforme el miedo en solidaridad y la indiferencia en fraternidad.
Finalmente, validaron su convicción: “Creemos que la sociedad se enriquece cuando reconoce en el refugiado no una amenaza, sino un hermano que puede compartir su cultura, resiliencia y futuro. Reconocemos que una sociedad justa se caracteriza por la capacidad de acoger e integrar al otro, sobre todo al que tiene que salir de su tierra por amenazas y peligros”.

