Guillermo Jesús Kowalski
Licenciado en Teología por la Universidad Católica de Argentina (UCA)

Leer la historia española con la “mística de ojos abiertos” de León XIV


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Uno de los rasgos más originales del viaje apostólico de León XIV a España ha sido su manera de leer la historia, en una religión para la que la Historia es oportunidad de salvación. El Papa no ha recurrido al pasado para alimentar nostalgias ni para reivindicar privilegios perdidos.



Tampoco ha propuesto una visión idealizada de la tradición cristiana. Su mirada es evangélica: una mística de los ojos abiertos, capaz de descubrir la presencia de Dios en momentos que consolidaron la dignidad humana, la fraternidad entre los pueblos y la construcción del bien común.

Una espiritualidad que contempla a Dios para leer la realidad

Esta expresión de Johann Baptist Metz evoca una espiritualidad que contempla a Dios para leer la realidad…y viceversa. Es una fe que ora, pero también escucha; que adora, pero también sirve; que recuerda el pasado, pero para iluminar el presente y orientar el futuro.

León XIV ha escogido momentos de la historia española en los que el Evangelio inspiró caminos de encuentro, diálogo, solidaridad y esperanza. Sus silencios de otros momentos son cortesía pacificadora para comprensiones posteriores. Porque no todo pasado es motivo de orgullo e identidad para nadie, ni personas, países o instituciones como la Iglesia (Jn 8, 7).

Una convicción martillea sus discursos: el Reino de Dios no se construye mediante la imposición, la exclusión o el poder, sino allí donde hombres y mujeres aprenden a reconocerse como hermanos y colaboran en la construcción de una auténtica civilización del amor.

De Santiago a Toledo: una historia de encuentro y apertura

La primera referencia que León menciona es la tradición apostólica de Santiago el Mayor, primer evangelizador de la península. Es una imagen de la Iglesia en salida, una comunidad que no se encierra en sí misma, sino que se pone en camino para anunciar esperanza y generar comunión.

Esta dimensión peregrina se plasma en el Camino de Santiago, donde durante siglos se encontraron pueblos, lenguas y culturas diversas. Es una metáfora de la propia vocación de España: ser tierra de acogida, diálogo y encuentro.

En el Palacio Real habló del periodo del islam en la península y dijo que “no solo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos”. No ignora las tensiones, pero prefiere rescatar aquello que permitió construir puentes y generar riqueza humana compartida.

Puso como ejemplo la Escuela de Traductores de Alfonso X, “donde las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe”. Recordó que “ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación, lenguas, religiones y saberes”.

Estas experiencias anticipan para León XIV una cultura del encuentro. El conocimiento no avanzó eliminando al diferente, sino gracias a la escucha mutua. La verdad se enriqueció con el diálogo. La diversidad hizo más fecunda la identidad ibérica. (Mc 9,38)

Ante el Congreso de los Diputados recuperó el legado de la Escuela de Salamanca y de Francisco de Vitoria, y su voz que desafía toda forma de dominación y exclusión, afirmando radicalmente la dignidad inviolable de cada persona, los límites del poder y la defensa de los derechos de los pueblos.

Pero también fue autocrítico: “La sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”.

Es significativo que el Papa no mencione colonizaciones, expansión imperial o uniformización religiosa e inquisiciones para definir la grandeza histórica de España. Su atención se dirige hacia aquellos momentos en los que las diferencias fueron transformadas en oportunidad de colaboración y crecimiento común.

De la mística española a la civilización del amor

La segunda gran fuente histórica que León XIV recupera es la tradición espiritual española. En su visita ha citado a santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, pero no como personas refugiadas en una espiritualidad intimista o alejada de los problemas de su tiempo. Por el contrario, destaca cómo su experiencia de Dios les permitió afrontar conflictos, reformas y escribir la historia de su tiempo.

La célebre imagen de san Juan de la Cruz sobre la fuente que mana “aunque es de noche”, el Papa la reinterpreta como invitación a descubrir la acción de Dios en medio de las crisis contemporáneas. La auténtica mística no huye de la noche; aprende a encontrar en ella semillas de esperanza.

León XIV, en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona

León XIV, en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona. Foto: EFE

Esta misma lógica aparece en su reflexión sobre la Eucaristía durante la celebración del Corpus Christi: el Pan eucarístico no permanece encerrado en los templos. Sale a las calles, recorre las plazas y se identifica con los pobres, los enfermos, los migrantes y quienes sufren la soledad.

En la línea de Francisco, destacó la importancia de la religiosidad popular española, “una auténtica dramaturgia de la salvación” que no se fosiliza en museo del pasado ni mera estética, ni menos aún arma identitaria. Su verdadera grandeza consiste en formar creyentes capaces de transformar la realidad, comprometidos con la justicia y el cuidado de los más vulnerables.

Así, la historia española aparece como una fuente de inspiración para afrontar los desafíos actuales: las migraciones, la pobreza, las desigualdades, las polarizaciones sociales y los riesgos de una tecnología que puede olvidar a la persona humana.

Conclusión: memoria para generar futuro

La lectura histórica propuesta por León XIV es profética. No busca seleccionar héroes ni alimentar enfrentamientos ideológicos. Su propósito es descubrir experiencias que pueden ayudar a construir una sociedad más humana y fraterna.

El Papa pidió “abandonar las narrativas divisivas y polarizantes” de la historia de España y “apreciar la complejidad” en vez de “esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”.

Los últimos días dedicados a los inmigrantes afirman un “patriotismo samaritano” que no deja lugar a dudas frente a los nacionalismos xenófobos y de odio.

Desde Santiago Apóstol hasta la Escuela de Salamanca, desde la convivencia cultural medieval hasta la mística de Teresa y Juan de la Cruz, el Papa encuentra un hilo conductor: la capacidad de abrir espacios de encuentro donde la dignidad humana sea respetada y donde el amor se convierta en principio organizador de la vida social.

Esta es la verdadera mística de los ojos abiertos. Una espiritualidad que no se refugia en el intimismo ni en la nostalgia, sino que reconoce a Dios actuando en la historia. Una fe que no alimenta enemigos imaginarios, sino hermanos concretos. Una piedad que no se limita a conservar tradiciones, sino que genera justicia y solidaridad.

Ante un mundo marcado por las polarizaciones y nuevas formas de deshumanización, León XIV propone recuperar lo mejor de la historia española al servicio del futuro. Porque allí donde se construyen puentes, se escucha al diferente, se protege a los pobres y se trabaja por el bien común, se hace posible la tan anhelada civilización del amor.