Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

León XIV en la España católica


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La visita del papa León XVI a España ha superado cualquier expectativa, y es precisamente el título de esta nota con el que se pretende resumir estos ejemplares días.



Decir España católica no es una frase vacía ni un slogan. A pesar del fuerte secularismo, de años de incidencia ideología desde el ateísmo, no es poca cosa reunir 600 mil jóvenes frente al Santísimo, más aún, no es menor convocar a casi un millón y medio de personas por la solemnidad del Corpus, en medio de la emblemática plaza Cibeles. Sí, el papa y el mundo admiraron el ejemplo de la España católica.

La España católica lució una interculturalidad admirable, cada encuentro con una variedad de expresiones, de gestos, de tez. De alguna manera, todos estuvimos representados, todos los hispanohablantes, honrados por la herencia de la fe.

La España católica en León XIV tiene características concretas, me permito citar algunos discursos y frases impregnadas del Evangelio, porque nada hay en el corazón humano que no tenga eco desde la fe. No hay tema social que no pueda ser leído, interpretado y discernido desde la antropología cristiana. La herencia de Salamanca sigue y seguirá siendo verdad: La incuestionable dignidad humana.

Papa Leon Cibeles

La España católica con identidad espiritual y material unida

La España católica está invitada “a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de […] (la) realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.

En la España católica: “la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino […] Todo ello muestra el vínculo entre lo material y lo espiritual que constituye (su) existencia”.

La España católica es diversa, plural, pues el adjetivo católica no resta, sino que suma, y confirma su convicción de apertura y acogida. En la España católica “su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida” son el estímulo para vivir la unidad en la diversidad.

“Por eso cabe preguntarse [dijo el papa] con honestidad si el mundo —y en particular Europa— [y yo agregaría la España católica] habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia”.

La España católica desde su identidad cristiana es “espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es”.

La fe como semilla de solidaridad

En la España católica: “el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad”.

En la España católica: “la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.

León XIV se preguntó: “¿En serio es posible creer que la Europa —a la que tanto amamos— [esa España católica], sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad? Sigue vivo el grito de mis Predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo”.

Si, lo vivido y experimentado en estos días es la España católica, España en salida, España que sigue siendo madre de acogida y acompañante en la fe milenaria, que sigue dando todo. La España católica.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador en la Universidad de Monterrey.

Foto: León XIV en la misa de Cibeles. EFE