Todos estábamos expectantes, de pie, esperando al sucesor de Pedro. Terminábamos de escucharle en el Congreso de los Diputados. Los comentarios, ante las pantallas de la Conferencia Episcopal, habían sido positivos. La fuerza de sus palabras, con moderada dicción, sin estridencias, eran un ejemplo para todos, los de dentro y los de fuera.
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Llegó sonriendo, como siempre, y es de agradecer ese primer acercamiento, que contagia complicidad y empatía. Y, sin dar tiempo a nada, nos dijo como primera y única certeza: vengo para reavivar la comunión. Ahí pivota todo este intenso viaje del papa León XIV.
Y, como como si fuera un manantial de agua viva, fueron brotando y empapando nuestro corazón este camino de diálogo en el espíritu, acogida del hermano, camino sinodal, comunión eclesial; en fin, la escucha comunitaria de la voz de Dios.
Peregrino
Todos teníamos los ojos fijos en él. Sus palabras y sus citas bien cuidadas entretejían un tapiz claro del camino de la Iglesia. Y nos habló del camino como parábola e icono de esta Iglesia peregrina, que tantas veces se nos olvida. El peregrino no es un vagabundo, tiene una meta fijada, un horizonte claro, y lleva consigo en su corazón y en su mochila solo lo esencial.
En el fondo, es una invitación a desprendernos de tanto lastre, invitándonos a no obsesionarnos con lo que dejamos atrás, con el pasado. Dejemos las estructuras que nos lastran, nos dijo. Los hilos de la red estaban claros. No caben interpretaciones.
Hice el Camino de Santiago en solitario hace veinte años. Comprendí bien la imagen del Papa. Cómo podemos plantear el reto, los momentos de camino y descanso, la convivencia en los albergues, las nuevas amistades, las eucaristías, las confidencias, la lectura de la Palabra, el cansancio, la ayuda entre unos y otros sin conocernos, solo porque vamos al encuentro con el Apóstol.
El papa León XIV junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello y el cardenal José Cobo. EFE/JJ Guillén POOL
Es un camino en el Espíritu, este de nuestra Iglesia, de retos proféticos, de acogida y acompañamiento, un camino fraterno y comunitario, un camino de seguimiento, un camino de eternidad.
Habló tan claro como contundente. Sus imágenes: la madre que alimenta a su hijo, para hablarnos de la Palabra y la Eucaristía; las planicies de Castilla, para hablarnos de lo pequeño, de los ancianos y los migrantes; las tierras quemadas de donde brotará algo nuevo… y una actitud: abajarse no solo para comprender, sino para compartir, como hizo el Señor.
Pastores
Pero se nos olvida a menudo, si nos mantenemos en la representación del personaje y no de la misión que se nos ha encomendado. Somos pastores: principio visible de comunión, nos dijo.
Y el tema doloroso: los abusos. Aquellos que han sido heridos por quien debía cuidarlos. Solo una respuesta: escucha, verdad, justicia, reparación y compromiso decidido en la prevención y la cultura del cuidado.
Habló de más cosas. Habría que leerlo despacio, mejor que leerme a mí. Hay enseñanzas y mandatos, se podría resumir en tres palabras, tres aldabonazos: valentía, verdad y libertad. Aunque dé esa sensación, no estamos ante un americano impasible. ¡Ánimo y adelante!
