Finalizado el Encuentro Nacional de la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, organizado por la Comisión Episcopal que se ocupa de este sector, compartió un mensaje final: “Era migrantes y me recibieron” (Mt 25.35), fruto de haber compartido clamores, sueños y desafíos de las comunidades y familias migrantes que viven en el país.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Señalaron que encaran esta pastoral, marcados por una compleja realidad: las dificultades de acceso a un trabajo digno y a un servicio de calidad en salud para las familias, que empeora en el caso de las personas con discapacidad.
Situación de vulnerabilidad
Sumado a esto, la dura situación de las personas migrantes. A partir de los cambios en la legislación, muchos enfrentan una situación de vulnerabilidad generada por los cambios en la normativa migratoria (Decreto 366/2025). “La incertidumbre en los procesos de regularización y el cambio de categorías generan un temor constante a la expulsión, obstaculizando el acceso a derechos fundamentales como el documento de identidad, la salud, la educación y el trabajo digno”, sostuvieron los equipos diocesanos de la pastoral migrante.
Asimismo, indicaron que les preocupa el aumento del rechazo infundado y arbitrario hacia las personas migrantes en la frontera, y los supuestos operativos de control migratorio que parecen responder más a una estrategia de comunicación política que a la acción de un Estado garante de derechos.
Observaron también que existe un desplazamiento de personas que se trasladan a la zona de explotación de hidrocarburo no convencional, y otras a la búsqueda de trabajo en el sector portuario. Con la ilusión de un rápido empleo, se encuentran con un ambiente hostil, muchas veces expuestos a abusos de todo tipo.
Compromiso y encuentro
Frente a este panorama es urgente redoblar esfuerzos en el acompañamiento con cercanía, orientación clara y una profunda responsabilidad pastoral.
Pretender continuar con el compromiso de caminar juntos en la construcción de planes para la atención pastoral de las familias migrantes porque sueñan y trabajan para que las comunidades no sean lugares de acogida asistencial, sino espacios integrales que protejan la dignidad humana y fomenten la cultura del encuentro frente a la del descarte. Por eso, reafirmaron: “Esto implica reconocer al migrante no como una carga, sino como una persona con dones que enriquece a la comunidad”
Tuvieron un reconocimiento para quienes, desde su compromiso y entrega de servicio, e iluminados por el Evangelio, viven su fe siguiendo a Cristo presente en los rostros de los hermanos migrantes e itinerantes: “Era migrante y me recibieron” (Mt. 25:35).
La pastoral migrante recordó que su misión es trabajar para garantizar los derechos, identidad y participación activa de las comunidades migrantes, propiciando espacios donde pueda celebrar su fe. Los migrantes y refugiados pueden convertirse hoy en misioneros de esperanza, como expresó el papa León XIV en el mensaje de la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.
Para concluir, pidieron la intercesión de la Virgen de Luján para vivir la sinodalidad como una verdadera identidad en el servicio a nuestros hermanos migrantes e itinerantes.

