Tribuna

¡Somos caridad… somos santos!

Compartir

1.     En la vida cotidiana

La presencia, a la que hemos hecho referencia la semana pasada, se hace visible en gestos concretos de ternura, cariño, etc. De tal manera que la caridad, es decir el amor, constituye la vitalidad de la vida y, por ende, una expresión concreta de una perspectiva de los demás, del mundo en el que vivimos y de nuestro vínculo con Dios.



Si el amor se constituye en esa esencia de la vida, por medio de él compartiremos al mundo qué entendemos de nosotros mismos, de los demás y del Dios que decimos seguir.

Empezamos a amar porque comenzamos a abrir nuestras vidas para construir juntos un nuevo camino, porque el amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos (Fromm, Erich, 2003, pág. 43). Es un acto voluntario. Todos decidimos amar.

2.     En la fe cristiana

“Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos (…) Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad” (Rom. 12, 9 – 13).

Desde el Mesías nacido en Palestina, el amor es alteridad. Es decir, reconocer al otro por la sencilla razón de ser otro. Por lo tanto, el amor se transformaría en esa capacidad de buscar el bien independientemente del beneficio que esa existencia pueda brindarnos. Porque si el amor ama en función del beneficio, ya no es amor, sino egoísmo. Vivir en la presencia de Dios, es vivirnos en el amor. Una ternura que se vuelca hacia la humanidad, porque Dios es amor (1ª Jn. 4, 8).

Amar, desde la Trinidad, es deleitarse en la presencia de, en primer lugar, quien nos ama. En segundo lugar, de quienes amamos. En tercer lugar, de “quienes deberíamos amar más” (CEA – MRC, 2011, pág. 989).

La Trinidad nos revela que el amor es comunión y diversidad. Es asumir, con parresia la historia personal y de la comunidad en la que convivimos (familia, parroquia, congregación, diócesis, etc.), con el universo y la naturaleza, porque somos parte de ella. Nada nos es extraño. Es compartir con el otro, porque somos el otro, en y con la historia de nuestros hermanos y hermanas (Concilio Vaticano II – GS, 1965). Es vivir a Dios en su obra, en la vida que hay en todo ser creado, especialmente en aquel que es su imagen y semejanza (Curia, Christian, 2008).

En definitiva, seguir a Jesús es vivir en el amor que nos hace libre, que nos deja vivir en libertad. Una dimensión a contemplar, en este compartir la santidad, es la relación entre amor, presencia y libertad:

“El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por eso precisamente, Cristo Redentor revela plenamente la persona al mismo hombre. Tal es la dimensión humana de la Redención. En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad. En el misterio de la Redención el hombre es confirmado y en cierto modo, es nuevamente creado. ¡Él es creado de nuevo!” (Juan Pablo II – RH, 1979) (#10).

Somos Caridad 1

3.     En la acción pastoral

Desde esa experiencia, la santidad se transforma en una vida plenificada en el amor (CEA – BCIN, 2004) y no en una evasión separatista que aliena la existencia. ¡La santidad no es una competencia de milagros, ni de acciones piadosas, ni mucho menos vivir modelos de antaño!

La santidad es vivirnos amados y amantes. Es decir, contemplar que la Trinidad nos “primerió” en el amor (Francisco – EG, 2013) (#24). Toda acción pastoral, sobre todo la catequesis, es vivir un proceso de maduración y crecimiento en la fe en un contexto comunitario eclesial que da sentido a la vida” (CEA – JEP, 1988) para profundizar que “la Trinidad quiso amarnos y salió a buscarnos… ¡cuando aún estábamos lejos!

Una pastoral que ama y busca el bien de las personas:

  • Respeta la vida de los seres humanos sin cargas de acciones o actividades que atenten contra la vocación inicial según los ministerios.
  • Valora al ser humano por ser tal y para que sea plenamente humano.
  • Evita la “simbiosis afectiva” que quiere dependencia súbdita (Fromm, Erich, 2003, pág. 24), casi en un pacto feudo-vasallático medieval.
  • Promueve la libertad y la alteridad favoreciendo la experiencia de que el otro es otro y no un esclavo de nuestras palabras o propuestas.
  • Capacita a vivir en la creatividad para elaborar estrategias y recursos que ayuden a vivir en libertad la fe.
  • Deja de lado la uniformidad y la obsecuencia.
  • Vive tiempos y espacios de cordialidad donde los “afectos son la materia prima del amor” (De Vos, Frans, 2019, pág. 78).
  • Omite la posesión por eso no usa “mis, míos”, porque los otros son otros y sus identidades son tan propias que son únicas e irrepetibles.
  • Vive la fraternidad en donde todos somos amados y hermanos. Por ende, nadie es superior a nadie porque “el amor madurado significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en el persona; un poder que atraviesa las barreras de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separatidad, y no obstante le permite ser él mismo, mantener su integridad” (Fromm, Erich, 2003, págs. 36 – 37). Es decir, deja de lado la dominación y la titulación posesiva (monseñor) o de superioridad (Sumo Pontífice) y utiliza un lenguaje que exprese el vínculo de amor entre quienes seguimos al Mesías nacido y resucitado en Palestina (hermanos, santos y santas, etc.).
  • Une en sus acciones lo que Dios ya ha unido en su revelación: lo humano y lo divino. El misterio de Dios se conoce en paralelo al misterio humano. Sólo el misterio humano se conoce plenamente en el amor hecho carne que es el Verbo encarnado ( 22).
  • Favorece la acogida cordial(CEA – LPNE, 1990) (#43; 48 – 49) y potencia ministerios “ordenados a las personas” y no tanto a ritos.
  • Genera y colabora a vivir en un clima de alegría y bienaventuranza porque todo ser humano “desea ser feliz y necesita que todo lo vivido de placer del encuentro que conduce al amor”(de Aquino, Tomás – STh I – II, 1998) ( 5 a 4 ad 2; q 34, a. 1)

Continuando con lo iniciado la columna anterior y recordando a nuestro venerado padre de la catequesis renovada en Argentina, descubrimos que: “La segunda característica exigida por el mundo de hoy es la solidaridad. No se trata de tener la boca llena con este vocablo. El término es frecuentemente abusado, pero ser solidario mantiene su vigor y nos toca a los cristianos darle todo su contenido, porque nace del amor de Cristo que se entregó así mismo por todos. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS #1). Es la solidaridad eclesial que opta por la humanidad, especial y preferentemente por los pobres y por los que sufren. Es el esfuerzo de la Iglesia por construir comunidades eclesiales donde se vive efectivamente la solidaridad en el amor cristiano. Las Comunidades cristianas son testimonio de humanidad y fraternidad para la nueva sociedad que se está construyendo. Necesitamos una verdadera ascesis comunitaria, necesitamos comunidades santas” (De Vos, Frans, 1990).

Este domingo de Pentecostés, nos inspira a vivir la sanidad cristiana como la vida según este Espíritu, porque ella es dócil a sus orientaciones (DA. 284 – 285).

La Iglesia desde el comienzo de su vida pública, manifestó al mundo su convicción profunda sobre el Espíritu Santo como “Señor y Dador de Vida” (Ibañez, Xavier – Mendoza, F., 1978., pág. 503). Esta certeza está fundada en la experiencia que los cristianos tenemos de Él. En Pentecostés se manifiesta al mundo la fe en el Resucitado, haciendo de los Apóstoles personas valientes, convencidas y convincentes, que hablan de las maravillas de Dios (Hchs. 2, 1 – 11).

El Espíritu es el que continúa realizando la obra de la Buena Noticia, manteniendo a la comunidad de fe, para que la verdad que escuchamos del Maestro perdure. Nos manifiesta la intimidad del Padre, porque se hace don para los demás

“Puede decirse que en el Espíritu Santo la vida íntima de Dios, Uno y Trino se hace enteramente don, intercambio recíproco entre las personas divinas y que, por el Espíritu Santo, Dios existe como Dios. El Espíritu es pues la expresión personal de esta donación, de este ser – amor. Es persona – amor. Es persona don” (DoetVi 10).

Feliz Pascua desde la Vida Nueva. ¡Felices desde este misterio gozoso de un Dios Viviente y vivificador, que “sigue haciéndose historia en medio de nosotros” (De Vos, Frans – ICD, 1983).

#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #ElGustoDeVivir #tecreo #unpocodeairefresco #entornoalamesa #lavidanosdaseñales #unaaventuramaravillosa

Trabajos citados

CEA – BCIN. (2004). Bases para la catequesis de iniciación de niños. CABA: Don Bosco.
CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
CEA – Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (1990). Obtenido de https://episcopado.org
CEA – MRC. (2011). Misal Romano Cotidiano. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2008). Un poco de aire fresco. Bases para la espiritualidad del Catequista. CABA: Claretiana.
de Aquino, Tomás – STh I – II. (1998). Suma Teológica. CABA: BAC.
De Vos, Frans – ICD. (1983). La alegría de la fe para un mundo en cambio. Lomas de Zamora: Junta Catequística Diocesana.
De Vos, Frans. (1990). Presencia, solidaridad y alegría. La santidad. Lomas de Zamora: La Semilla.
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va/
Fromm, Erich. (2003). El arte de amar. Buenos Aires: Paidós.
Ibañez, Xavier – Mendoza, F. (1978.). La fe divina y católica de la Iglesia. Salamanca: Magisterio Español.
Juan Pablo II – Redemptor Hominis (1979). Obtenido de https://www.vatican.va/