¿Se nota que estamos viviendo el tiempo pascual? ¿Además de las entretenidas historias que nos narran los Hechos de los Apóstoles, en las primeras lecturas de estos días, de los complicados evangelios de Juan, y del ‘aleluya’ con que nos despide el celebrante -¿cuántos utilizan la bendición solemne, al menos los domingos?-: ¿se percibe, en nuestros rostros y gestos, en actividades diarias, que estamos celebrando la resurrección de Jesucristo el Señor, garantía de la propia?
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Algo semejante percibo en el tiempo de Navidad. Se montan, antes del 25 de diciembre, nacimientos espectaculares, con profusión ornamental: pino esferado, luces, adornos variados, música ambiental, hermosos colgantes de majestuosas columnas y paredes -lo mismo en templos elegantes que humildes, en casas de colonias residenciales o en pobres viviendas-, para que, no bien llega el dos de enero o, si acaso, el seis, sean retirados los objetos que tanto tiempo y esfuerzo se invirtió para colocarlos. La resaca de año nuevo hace que pronto se olvide el gozo por el nacimiento del divino Niño.
¿La religión es, entonces, y como lo postularon desde Voltaire a Feuerbach, de Nietzche a Marx, refugio de tristes, pobres, dolientes, humillados y ofendidos, que buscan en ella un consuelo, un alivio tranquilizador para sus penas?
No pocos sectores sociales de los auto considerados cultos -que entienden la cultura como un bagaje de conocimientos y exquisiteces, y no como un conjunto de tradiciones y posicionamientos frente a la realidad- suponen que la religión es propia de ignorantes, muchas veces víctimas y hasta cobardes.
No es así. La historia nos demuestra que muchas personas han abrazado la fe, entendiéndola como un acicate y no como una droga adormecedora, capaz incluso de inspirar movimientos independentistas y revolucionarios.
Pero, más allá de que ella sea un apapacho para el alma o una inyección para ir hacia adelante con toda la energía posible: ¿por qué nos cuesta tanto subirnos a la ola de la felicidad que este tiempo pascual nos ofrece? ¿No podrían, por ejemplo, los asesores de los grupos juveniles imaginar actividades -retiros, encuentros, talleres, horas santas, torneos deportivos, etc.- post Semana Santa, cargados de la misma intensidad con la que se vivieron esos días?
Y, sin quedarnos en el espectáculo o la mera diversión, la alegría pascual nos debe llevar al compromiso de promover la vida, basada en los valores del Reino; la justicia, la paz, la verdad y el amor: ¿qué acciones concretas puedo realizar para resucitar personalmente, ya desde ahora, y ayudar a que también lo hagan quienes viven medio muertos?
Pro-vocación
No sorprende que un clérigo de origen hispano sea obispo en los Estados Unidos de América. Según la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), se han ordenado más de 45, y 28 siguen activos en diócesis tan relevantes, entre otras, como Los Ángeles, San Antonio, Filadelfia y Seattle -abundan en Texas y California, aunque en su mayoría como auxiliares-. Lo que llama la atención es que León XIV haya nombrado al salvadoreño Evelio Menjivar Ayala, detenido en México huyendo de su país a causa del conflicto armado, y quien tuvo que pagar un soborno para llegar a Tijuana y pasar al otro lado. Nadie mejor que él para comprender el calvario de los migrantes… que Donald Trump y sus halcones no quieren aceptar.

