Humberto Palma: “queremos diáconos servidores del pueblo”

El encargado de la formación de los futuros diáconos permanentes refuerza aquello que evita tendencias clericalistas

Humberto Palma: “queremos diáconos servidores del pueblo”

“Itinerario de formación para el diaconado permanente en Chile” se titula el documento dado a conocer por la Conferencia Episcopal de Chile, durante su reciente Asamblea Plenaria. Fruto de un discernimiento sinodal impulsado por la Comisión Nacional del Diaconado Permanente, ofrece una matriz formativa común y actualizada que responda a los desafíos pastorales y eclesiales de los nuevos contextos.



Sistematiza ese proceso en tres etapas: discernimiento, formación inicial y formación continua. Reafirma la identidad del diácono como un servidor configurado con Cristo Servidor, cuya misión se despliega fundamentalmente en los ámbitos de la liturgia, la palabra y la caridad.

Vida Nueva conversó con Humberto Palma, sacerdote de la diócesis de Rancagua, en Chile, a cargo de la formación de los futuros diáconos permanentes, además párroco y rector de un colegio de enseñanza básica y media.

Pregunta: ¿Qué le parece este documento?

Respuesta: Siempre es positivo que la Iglesia ofrezca este tipo de insumos, fruto de la experiencia y del diálogo, y no una bajada teórica de manuales de Teología. Aquí hay una propuesta sinodal, es decir, una invitación a caminar con estos hermanos candidatos al diaconado permanente como protagonistas de su formación. No como meros recipientes vacíos.

Me parece muy valioso que, ante todo, se proteja al candidato de una beatitud que lo conduzca a un falso martirio. Primero que todo está su familia, luego su trabajo y, enseguida, los compromisos con la Iglesia institución. Y esta mirada humana y honesta, convierte este itinerario en un camino de alta exigencia, que responde bien al actual contexto socio cultural.

No queremos santos, pero tampoco monstruos

A la base de todo esto, y recogiendo diversas experiencias, aquí hay un itinerario que tiene a la vista el buen servicio al Pueblo de Dios. Es como si nos dijera: no queremos diáconos clericalistas, sino servidores del pueblo. Y por eso, es tan importante que se respeten las etapas, que la formación atienda a las dimensiones humanas y religiosas de la persona. No queremos santos, pero tampoco monstruos. Queremos personas equilibradas, capaces de acompañar a sus hermanos.

P.: ¿Cuáles son los principales obstáculos en esta formación?

R.: No hablaría de obstáculos, sino de desafíos que hemos debido enfrentar. El primero: contar con un equipo de formadores permanente. Las diócesis más rurales como la nuestra se enfrentan a eso: ausencia de profesores calificados para enseñar y dar a los candidatos el sello que queremos. Por lo tanto, a veces debemos adaptar el currículum a nuestra realidad. Con el tiempo esto se convierte en la oportunidad de llegar a contar con ese equipo de formadores. Y ya lo estamos logrando, inclusos con los mismos actuales candidatos en formación. Hay entre ellos algunos muy capaces de convertirse, a futuro, en profesores.

P.: ¿Qué otros desafíos?

R.: Las distancias. Algunos candidatos viajan dos horas para llegar al centro de formación, en Coltauco. Vienen desde zonas lejanas. Esta dificultad se acrecienta en los meses de invierno. Los candidatos llegan y se afianza más su vocación. Una cuota mayor de sacrificio los confronta con la verdad de sus intenciones. Purifica su recta intención. Esto también exige de nuestra parte pensar en modalidades de clases semipresenciales. Gracias a las actuales tecnologías, hemos implementado un aula virtual para que ellos continúen su formación teológica a distancia, de acuerdo a sus ritmos y sin descuidar sus familia y trabajos.

Diaconado Permanente

Instancia de formación de los diáconos permanentes – Diócesis de Rancagua

Los sacerdotes escasean

Otro desafío es la edad. Acá no es como Santiago, donde quizás haya más candidatos que respondan al requisito de la edad exigida. Entonces, debemos hacer excepciones. Hay gente mayor de cincuenta años que se está formando. Y, en algunos casos, son los únicos, o el único, en una vasta zona geográfica. Decirles que no por su edad sería desperdiciar la oportunidad de dar a los párrocos los colaboradores que tanto necesitan, sobre todo en parroquias del secano costero, donde las distancias entre comunidades son a veces enormes. Y los sacerdotes escasean.

P.: ¿Cómo abordan la identidad propia del diácono?

R.: Lo sinceramos y hablamos con los candidatos desde el primer día: no queremos que se conviertan en sirvientes de los sacerdotes, tampoco en gente «apernada» a una parroquia ni vinculada exclusivamente a una persona. Tampoco queremos que se sientan pequeños sacerdotes, amantes del poder y la vanagloria.

Estos acentos los fortalecemos con una honda insistencia en la Eclesiología del Vaticano II: Iglesia pueblo de Dios. Insistimos harto en ello para evitar tendencias clericalistas. Remarcamos mucho el concepto de Jerarquía de servicio. Y eso ha dado buenos frutos. Ya se saben futuros ministros de Dios, llamados por la Iglesia para servir al pueblo de Dios, y no a una parroquia o a un cura en exclusiva. Y esto desde su identidad de hombres casados. Por eso, el itinerario ofrecido por la Iglesia chilena les ha hecho mucho sentido.

P.: Entonces, ¿cómo describe la identidad del diácono permanente?

R.: Ministros de Dios llamados por la Iglesia para servir al pueblo de Dios en unidad con sus esposas y familia. Son miembros de la jerarquía; pero antes de eso, esposos y padres. Están en la Iglesia y con la Iglesia al servicio de sus hermanos, en obediencia al obispo (no al párroco) y a sus esposas y familia, y en responsable respeto a sus compromisos laborales y vocación laical de origen.

Noticias relacionadas