Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Prevost: de la clase media al trabajo digno frente a la pobreza


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La nacionalidad de Robert Prevost no es un aspecto secundario en su persona; sus raíces marcan quién es y qué piensa sobre varios aspectos, sobre todo cuando la madurez de estos vienen acompañados de una experiencia profunda de periferia en Sudamérica.



La celebración del primero de mayo y la siempre pertinente discusión sobre el trabajo, la economía, la producción y el consumo permiten un comentario al respecto de la mirada económica de Prevost con algunas de sus expresiones.

Aunque se intente poner al papa de un lado ideológico —a este y otros—, el resultado podría ser simplista y poco real en la complejidad de la realidad social.

Emilce Cuda, reconocida teóloga latinoamericana y una de las voces referentes de la enseñanza social en la actualidad, hizo una descripción muy afinada tras la elección de León XIV:

“[Robert Prevost] conoce el éxito del capitalismo, de la clase media americana y, al mismo tiempo, conoce la miseria de América Latina, algo que no se aprende haciendo un viaje de tres días, ni en un año. O sea, él optó por los pobres”, señala.

El éxito del capitalismo norteamericano tiene referentes en la vida de Bob Prevost. Él mismo creció en un hogar de esta clase media. Su madre, Mildred, fue educadora y trabajó como bibliotecaria; y su padre, Louis Marius, tras el servicio militar, fue superintendente de distrito escolar. Ambos eran asalariados comunes.

Robert Prevost

Ideas clave del pensamiento norteamericano

Un ejemplo de este perfil de éxito de la clase media y la opción por los pobres fue la respuesta del papa en el viaje a África, consultado sobre la migración:

“Me pregunto: ¿qué hacemos en los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres?”, dijo. No es poco importante su propia inclusión en ese “hacemos” referido a los países ricos. El papa no renuncia a su origen norteamericano, aunque sea de manera inconsciente.

Prosigue León: “¿Por qué no podemos intentar —tanto con ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas, de las multinacionales— cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje?”

El camino trazado en las respuestas del papa es claro: ayudas estatales, en clave de subsidiariedad, y empresas multinacionales, llamadas a asumir un sentido humano de la economía. El papa no condena al capitalismo, pero tampoco lo canoniza como criterio moral ni lo absuelve de responsabilidad: relaciona a las multinacionales con una ética solidaria.

Heredero de la primera encíclica social

En el contexto del viaje, la propuesta no es una simple explotación de unos sobre otros, sino la responsabilidad de unos con los otros:

“África, por muchas personas, es considerada como un lugar al que se puede ir a extraer minerales, a tomar sus riquezas para enriquecer a otros, en otros países. Quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países, a España, etc”, sentenció.

La fórmula para el desarrollo humano se centra en el trabajo. León XIV es heredero de la centenaria Doctrina Social de la Iglesia, de la que ha querido ser continuador con el nombre escogido como Papa:

“La ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal” (DT, 115).


Por Rixio G Portillo R.. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.

Imagen: Vatican Media – Facebook Caritas de Chiclayo