Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

León XIV y lo relacional (un apunte sobre ‘Dilexi te’)


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En su exhortación apostólica ‘Dilexi te’, León XIV nos recuerda un texto del apóstol Juan: “¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (‘Dilexi te’, 24). Más adelante, en el mismo texto afirma “Es innegable que el primado de Dios en la enseñanza de Jesús va acompañado de otro punto fijo: no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres” (‘Dilexi te’ 25).



No es el lugar para dilucidar si es el amor a Dios el que nos lleva a amar a los demás, o si la manera de amar a Dios es a través del otro y es ahí donde vemos a ese Dios que habita en todos nosotros. Las dos maneras de entenderlo nos llevan al mismo lugar, un amor a Dios que solamente puede hacerse realidad cuando lo concretamos en el amor al otro. Esta idea que es remarcada de una manera clara en la exhortación, nos remite directamente a la importancia de la relación con los otros. Solo en ella podemos amar a Dios, solo cuando hacemos realidad ese amor en el otro y, en especial, en los más desfavorecidos, podemos vivir ese amor a Dios que nos caracteriza como cristianos.

Un chico y una chica se abrazan en presencia de una mujer

Un chico y una chica se abrazan en presencia de una mujer

Lo relacional no consiste en hacer cosas por el otro, en hacer programaciones para poder abordar cuestiones importantes. No, lo relacional es “prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras” (‘Dilexi te’, 104). Amar a alguien no es hacer cosas por él, sino estar con él. Amar a los más pobres es lo que aquí ha descrito León XIV y que se puede resumir de una manera muy sencilla: Pasar tiempo con la persona a la que quieres.

Dios trino

El amor de Dios es un amor relacional, por eso tenemos un Dios trino, porque sus tres personas se relacionan entre sí siendo el mismo Dios. Por ello, la muestra más excelsa del amor a Dios es la capacidad para relacionarse con el otro, de amarlo, de preocuparse por él, de acompañarlo, y, cuando esto se hace con los más pobres, con quienes están en los márgenes de la sociedad, con quienes más problemas tienen, la seguridad de que se ama a Dios es más clara.

De hecho, como ya hemos visto, fue el mismo Jesús el que siguió este modo de actuar con sus palabras y con sus hechos. Porque “por sus frutos los reconoceréis” (Mateo 7, 20). Solo en la relación podemos amar a Jesús. Solo en la relación con los más desfavorecidos sabemos que somos cristianos y lo saben también los demás. ¿Estamos potenciando eso en nuestras parroquias y comunidades? ¿Son los cristianos que conocemos personas que se preocupan por los demás, que conviven con ellos y que se relacionan de una manera correcta con los más desfavorecidos?