La Semana Nacional de Vida Consagrada del Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) afronta desde hoy hasta el 11 de abril el invierno vocacional con el cardenal Cristóbal López, arzobispo de Rabat (Marruecos), como protagonista con una ponencia en la clausura.
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Los salesianos del Paseo de Extremadura (Madrid) acoge estas jornadas de formación, reflexión y encuentro bimodal (presencial y online) del centro claretiano que este año giran en torno al lema ‘Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto’.
Para ello, las distintas conferencias se alternarán con mesas redondas y paneles de experiencias, con el fin de dar luz a la actual crisis que afronta la vida consagrada en el mundo occidental, y particularmente España, por la falta de relevo.

Cientos de religiosos en la Semana Nacional Vida Consagrada 2026. Foto: ITVR
Carlos Simón Vázquez: “Vivamos la reducción con esperanza”
En la inauguración, Carlos Simón Vázquez, vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), ha invitado a los consagrados a vivir la reducción con esperanza en este tiempo de Pascua.
“La vida religiosa será siempre un don presente en la Iglesia, forma parte de su ser, no es el número lo importante”, ha destacado el sacerdote cacereño.
Luis Ángel de las Heras: “Hay que poner nombre sin miedo a las preguntas”
El presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada y obispo de León, Luis Ángel de las Heras, ha puesto en valor espacios como esta Semana, “donde podemos poner nombre sin miedo a las preguntas y dejarnos iluminar juntos por la Palabra, por la sabiduría, por la experiencia creyente de tantas personas consagradas”.
“La Iglesia necesita una vida consagrada menos preocupada por los números y que camine con el corazón agradecido, alegre y esperanzado, abriendo caminos nuevos, como lo ‘inter'”, ha remarcado el también misionero claretiano.
Jesús Díaz Sariego: “Vivamos la reducción como un kairós”
El presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Jesús Díaz Sariego, ha puesto el foco en “volver la mirada hacia la fidelidad”.
Aunque las reestructuraciones y el cierre de casas han sido impuestos por la realidad, el dominico ha dejado claro que este tiempo “hay que vivirlo como un kairós”.
“Dios necesita tiempo para hacer su voluntad y nosotros somos sus mediadores, la mediación que él requiere para vivir este tiempo como un kairós”, ha insistido Díaz Sariego, recordando que “somos fieles porque estamos donde nadie más está”.
María José Tuñón: “Tenemos que aprender a quedarnos con lo esencial”
Siguiendo con los saludos, María José Tuñón, secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, “necesitamos aprender a acoger en lo íntimo y expresarlo con fuerza y alegría”.
“Tenemos que aprender a quedarnos con lo esencial, aunque en reducción, tengamos la seguridad de que Él está con nosotros y es quien nos precede en las Galileas del mundo”, ha remarcado la esclava del Sagrado Corazón de Jesús.
Adolfo Lamata: “Levantemos la mirada”
Por su parte, Adolfo Lamata, provincial de los Claretianos de Santiago, ha llamado a mirar este tiempo y escucharlo “con fe, sin miedo y sin prisas”.
“Quiero reconocer algo con total sinceridad: el tema que nos convoca, ‘afrontar la reducción’, no es neutro. Nos toca por dentro. Es un aldabonazo que nos revuelve e inquieta”, ha señalado el misionero claretiano.
Asimismo, Lamata ha insistido en que este tema “habla de números que bajan, de obras que se cierran, de comunidades que envejecen, de decisiones que duelen. Pero también habla de algo más profundo: de cómo nos situamos ante un cambio de época que no hemos elegido, pero que sí estamos llamados a abordar y a discernir para mejor actuar”.
Por eso, “afrontar la reducción significa aceptar con serenidad y, sobre todo, con espíritu de fe una situación que no es solo coyuntural, sino que está marcando el devenir de la vida consagrada en las últimas décadas al menos en Europa y América”, ha insistido Lamata.
El provincial de Santiago ha invitado a “levantar la mirada, en primer lugar, a aquel que es la razón de nuestro existir, arraigados en Cristo, crucificado y resucitado; en segundo lugar, mirar a aquellos con los que convivo en la comunidad y, por último, no dejar de tener presentes las realidades de nuestro mundo”.
“Para afrontar la reducción debemos evitar la tentación del ensimismamiento. La situación que vivimos solo se volverá fecunda cuando se acepta con verdad y se vive con libertad”, ha rematado Lamata.
En su alocución, ha mostrado su deseo de que estas jornadas “nos regalen tres cosas”:
- “Lucidez, para mirar la realidad sin maquillarla.
- Serenidad, para no dejarnos atrapar por el miedo ni por la nostalgia.
- Valentía, para atrevernos a imaginar caminos nuevos, más ligeros, más evangélicos, más acordes con lo que hoy el Espíritu está susurrando a nuestras comunidades”.
Además, ha llamado a “mirar la reducción no como una derrota, sino como un kairós, un tiempo oportuno. A preguntarnos no “cómo recuperar lo que fuimos”, sino qué forma de vida religiosa necesita hoy el Evangelio en Europa. A discernir qué debemos dejar ir, qué debemos transformar y qué debemos custodiar con más fuerza que nunca”.
“La transformación no empieza mañana: empieza hoy, aquí, con nuestra disposición a caminar juntos, a soltar lo que pesa y a abrir espacio para lo que nace”, ha concluido Lamata.
Antonio Bellella: “¿Tiene sentido proponer hoy este modelo de vida?”
El director del ITVR, Antonio Bellella, ha inaugurado las jornadas haciendo un recorrido del pasado al presente a través de un consagrado, sin nombre, nacido en la década de 1940, para, de esta manera, hacer ver cómo hemos cambiado como Iglesia y como sociedad.
En los últimos años, “un viento fuerte produjo desorientación, un número de abandonos desalentador y una pérdida progresiva de relevancia social. Luego, el fuego fue consumiendo las fuerzas (y quemando a muchos) durante años de polémicas espirituales e intelectuales, desafecciones, disgustos, vacilaciones y posturas enfrentadas”, ha dicho Bellella.
Y ha continuado el religioso claretiano: “Más tarde, el terremoto llegó cuando los noviciados se vaciaron, el proceso de envejecimiento obligó a cerrar casas, muchas ilusiones se derrumbaron al tiempo que los proyectos nuevos no terminaban de cuajar. Poco a poco, se impuso una triple constatación: la de ser menos, ser más ancianos y estar bastante desorientados. Visto con frialdad y hablando con cierta crudeza, somos sombra de lo que éramos”.
Para Bellella, “este recorrido deja entrever que la vida consagrada en Europa y España ha experimentado y está inmersa en un doble y complejo proceso: el de reducción y el de metamorfosis radical, donde se entrelazan lo personal, lo espiritual, lo carismático, lo institucional y lo estructural”.
“Se trata de un camino que no recorre en soledad; lo comparte con los debidos matices con la Iglesia entera y con las vocaciones estables de nuestro tiempo. Hoy en día, el término metamorfosis se plasma en una compleja dinámica de reducción que vivenciamos casi cotidianamente”, ha dicho antes de ofrecer cuatro aspectos determinantes:
- “Una fe cristiana puesta a prueba. Nuestra fe se pone a prueba, la cruz pesa, se genera ansia, dolor y a veces angustia. No hablo solo de ateísmo y anticlericalismo. Incluso nuestro hábitat inmediato pone a prueba nuestra fe. Tener menos vocaciones, cerrar casas, no ver más horizonte que el de vivir con personas mayores y enfermas puede afectar a nuestra fe.
- Una llamada vocacional puesta a prueba. ¿Tiene sentido proponer hoy este modelo de vida? Esta expresión refleja un malestar del alma y evoca un desarrollo inconsciente que tiene reflejos conscientes.
- Una misión puesta a prueba. La falta de éxito pastoral afecta mucho a los más jóvenes, y no solamente a ellos… Lo nuevo no se prolonga y lo tradicional no se sostiene. Cuando terminan los recorridos pastorales, la gente desaparece, no responde con continuidad. Entre lo que se es (identidad carismática) y lo que se hace (misión) a veces se genera un vacío y otras se produce un cortocircuito.
- Una fraternidad puesta a prueba. La fraternidad, núcleo profético de la vida religiosa, también atraviesa su purificación. Las comunidades envejecidas evidencian la necesidad de nuevas relaciones intergeneracionales, interculturales e intercarismáticas. La fraternidad ya no es sociología comunitaria, sino un signo escatológico que anticipa el Reino”.
Bellela ha reconocido que, “frente al desánimo o el activismo, la vida consagrada está llamada a reaprender la activa pasividad del Espíritu, a confiar más en la fecundidad de Dios que en la eficacia de sus programas, en los tiempos de Dios que en los plazos de ejecución”. “Ya hemos aprendido que Dios no estaba en el terremoto, el fuego y viento fuerte, sino en el susurro de una brisa suave”, ha aseverado.
“Habitar el desierto de la reducción no es instalarse en la resignación, sino descubrir su potencial teológico. El desierto ha sido siempre lugar de paso y de revelación: allí arde la zarza, se escucha la voz, se aprende la obediencia, se camina como pueblo. En un contexto cultural de aceleración, el desierto se convierte en espacio de serenidad. No es metáfora de muerte, sino de gestación”, ha añadido Bellella.
La Semana Nacional de Vida Consagrada, al detalle
La ponencia de apertura correrrá a cargo de Fernando Vidal, el sociólogo y director de la cátedra ‘Amoris laetitia’ de la Universidad Pontificia Comillas’, que buscará responder a esta “encrucijada eclesial” desde esta interrogante: “¿Desplome o reconstrucción?”.
También tomarán la palabra estos días, entre otros, el salesiano Juan Bartolomé, el franciscano Lluis Oviedo o el carmelita descalzo Andriamihaja Dominique Rakotobe, amén de la biblista Carmen Yebra y el teólogo Ángel Cordovilla.
