Gloria Ladislao es argentina, casada y vive en Buenos Aires. Es catequista, teóloga y licenciada en Sagrada Escritura, reconocida por su labor docente y pastoral en centros de formación para laicos, seminarios catequísticos, programas de radio y publicaciones especializadas.
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Vida Nueva la entrevistó para conectar la fuerza de las mujeres del Evangelio con las realidades que muchas de ellas viven aún hoy semi a oscuras dentro de nuestra Iglesia.
Su trabajo se caracteriza por una exégesis bíblica profundamente pastoral, conectando los textos antiguos con los desafíos contemporáneos de la Iglesia y la sociedad, utilizando diversas herramientas contextuales, como la lectura feminista, la liberacionista y la lectura orante. En sus obras, se puede encontrar el aporte de estas lecturas contextuales, por ejemplo en el uso de la perspectiva de género para destacar el rol, la dignidad y la participación de las mujeres en la historia de la salvación.
Entre sus obras se destacan “Las mujeres en la Biblia“, “Jesús miraba mujeres y ellas profesaron su fe”, “Yo, María Magdalena, discípula de Jesús”, “Yo, Paula, apasionada por la Palabra” y “Yo, Andrés, pescador de las fronteras”. Actualmente, Gloria Ladislao comparte reflexiones, materiales y charlas online a través de su espacio bíblico “Palabras con Miel”.
Acciones de cuidado y amor
PREGUNTA.- ¿Cómo es presentar hoy la Pascua a las mujeres de las realidades actuales a la luz de la Pascua de las mujeres bíblicas?
RESPUESTA.- Las mujeres de hoy y de siempre estamos muy cercanas en los procesos de muerte y vida. Desde los ciclos biológicos, los partos, el acompañamiento y cuidado de las personas enfermas y la proximidad en el momento de la muerte.
La pandemia puso como tema de agenda “las tareas de cuidado”. Tareas que hasta el día de hoy siguen estando principalmente a cargo de las mujeres. Cuando leemos el Evangelio, observamos que, desde la unción en Betania (Mc 14) hasta el momento de la resurrección, quienes ejercieron esas tareas de cuidado con Jesús fueron sus amigas y discípulas. Ellas fueron las que lo ungieron, caminaron el Vía Crucis, permanecieron en el Calvario, vieron y escucharon, conocieron el lugar de la sepultura y fueron a rendirle homenaje después de muerto.
A diferencia de los varones que aparecen a lo largo de los relatos de la Pasión, ellas nos muestran un modo de relación no-violento. Son acciones de cuidado y amor que tantas mujeres siguen desarrollando hoy en medio de la violencia urbana, de las guerras, de la violencia económica, y de tantas otras formas no evangélicas.
Jesús recibe y acepta a esas mujeres y sus actos de amor. A ellas, que estuvieron tan cerca en su muerte, Jesús les revela el mensaje de la vida y la resurrección.
Misión con estilo propio
P.- ¿Qué parte de la fuerza evangelizadora de la Iglesia actual está oculta precisamente porque todavía no terminamos de valorar el papel de las mujeres en la misión?
R.- Las mujeres estamos presentes en la misión con nuestro estilo propio: cercanía, escucha, y también discernimiento y juicio crítico para denunciar las distintas formas de violencia e injusticia. Podemos constatar que las mujeres anuncian y realizan la buena noticia como salud y salvación, muestran el rostro de la iglesia que sana y acompaña la vida.
Esa evangelización es concreta y cotidiana en la catequesis, en la pastoral del alivio, carcelaria, y en tantas otras formas donde, cualquiera lo sabe, la mayoría de las agentes de pastoral son mujeres. Pero, a medida que vamos “subiendo” en grados jerárquicos en la Iglesia, hay menos presencia de mujeres.
Considero que eso hace que, muchas veces, lo que la gente percibe de la iglesia sea un mensaje distante, frío, normativo, que no siempre cala en la vida cotidiana para dar sentido a las preocupaciones y vicisitudes de cada día. La fuerza evangelizadora está, pero no siempre es visible.
P.- ¿Cómo cambia nuestra imagen de Jesús cuando descubrimos que su relación con las mujeres no fue una excepción, sino una opción deliberada y fundante de su ministerio?
R.- Por un lado, cambia para nosotras las mujeres porque nos hace conscientes de nuestra dignidad y de nuestro lugar. También, nos inspira a seguir con pasión el camino de nuestras ilustres predecesoras. Por otro, todavía falta mucho para que este aspecto sea reconocido por toda la iglesia. Aún entre las mismas mujeres, hay mucha sorpresa, por ejemplo, en usar el término “discípulas” para referirse a María Magdalena, Marta, Juana y tantas otras.
Cuando, como iglesia, avancemos en este aspecto del Evangelio, considero que estaremos en camino hacia ese “discipulado de iguales” que tuvo el movimiento de Jesús. Y esto será riqueza para todas las personas, no sólo para las mujeres.
En el ámbito teológico se constata: las miradas y los aspectos aportados por la teología feminista enriquecen a todos. Para poner un ejemplo: rescatar los textos del profeta Isaías donde presenta a Dios como madre es algo que a todos los creyentes nos acerca a este aspecto de la ternura de Dios, no sólo a las mujeres. Los textos estuvieron siempre ahí, pero hacía falta una mirada que los pusiera de manifiesto (Is 49, 15 ss).
Ser discípulo
P.- A través de qué cita bíblica puede considerar que el Evangelio rompe con las jerarquías sociales de cualquier época.
R.- A mí, en particular, me atrae mucho el pasaje de Marta y María en Lc. 10, 38-42. Toda la vida había escuchado una única interpretación de este texto: la diferencia entre la vida activa y la vida contemplativa. Hasta que leí a las autoras feministas, y, a través de la reconstrucción histórica, comprendí que “estar escuchando, sentada a los pies del Maestro” era la expresión con la cual se decía que un varón era discípulo de un rabí.
Ante Marta, que hace lo que le han enseñado –ocuparse de los quehaceres de la casa y atender a los que llegan– Jesús nos recuerda a todos, varones y mujeres, que la mejor parte es ser discípulo. Incluso para una mujer, que puede escuchar y aprender. Cosa que las mujeres no podían hacer, no sólo en las sociedades del Siglo I, sino hasta el día de hoy en algunos lugares.
Jesús nos centra la vida en el discipulado, nos orienta siguiéndolo a él. Y después cada cual elegirá cómo encarna ese discipulado, sirviendo la mesa o haciendo teología. El rol no viene predeterminado por ser varón o mujer. Jesús dice “María eligió”. Se puede elegir salirse del molde que la sociedad manda. Y esto es liberador para varones y para mujeres.
P.- Estamos en el huerto, María Magdalena se encuentra con su rabboní, ¿qué se produce y qué nos revela Jesús en ese momento histórico de y para la humanidad?
R.- María Magdalena y Jesús se encuentran en el jardín el primer día de la semana. Y así como en la creación hubo un primer día y un jardín, ahora contemplamos la recreación de la humanidad. Es el día de la luz. Y María Magdalena es la depositaria de esta revelación: la luz vence a las tinieblas.
Ella lloraba por la muerte de su amigo, todo era oscuridad y desasosiego. Ante la presencia y la voz de Jesús, todo eso se transforma. A ella se le confía esta noticia para comunicar. Ella nos impulsa hoy, en este momento de la humanidad. Son muchas las personas que lloran y son muchos los signos de muerte que nos rodean.
Se hace difícil creer que el amor vencerá. Ella es testigo de esto y así inspira nuestro apostolado. Es tiempo de proclamar la Buena Noticia de la Resurrección no como una mera fórmula, sino como la realidad que hace que las personas podamos encontrarnos y abrir caminos de vida en abundancia. Ella fue a anunciar a la comunidad. Hoy la resurrección también se hace efectiva viviéndola en comunidad, reparando el mal y restaurando heridas.