La catástrofe de la guerra en todo Oriente Medio se está cebando de un modo especial con Líbano, dejando ya un balance de más de 900 muertos, más de 2.000 heridos y un millón de desplazados internos (uno de cada cinco ciudadanos del país).
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Y la crisis va a más, pues el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu ha decretado la invasión terrestre del sur del territorio libanés para dar caza a los integrantes del grupo terrorista Hezbolá. Algo que padecen los pueblos de la frontera y que están integrados en su mayoría por cristianos. Desde varios de ellos, como Khiam, Laf, Tasty, Marjeyoun y Qlayaa (donde días atrás fue asesinado el párroco Pierre el Rahi en un bombardeo israelí), se comparte con Vida Nueva que “la situación es muy dura”, habiendo “casas derribadas” e “incendiadas”. Un horror que “está afectando a la gente, que tiene miedo”. Aunque, por ahora, siguen la petición de la Iglesia y “no nos vamos a marchar”.
Puente entre sunitas y chiitas
Desde Champville, cerca de Beirut (especialmente bombardeada por Israel), el misionero marista español Jesús Corral Carranza conversa con esta revista y quiere dejar un mensaje claro: “La presencia cristiana en el Líbano es fundamental para la cohesión social del país. Es imprescindible para su subsistencia… Como señalara el presidente Aoun en el discurso de bienvenida a León XIV, cuando nos visitó recientemente, ‘si el cristiano desaparece del país, se derrumba la ecuación misma y desaparece su justicia. Si el musulmán cae, se rompe el equilibrio y su moderación’. No existe población en la que solo estén sunitas y chiitas; si conviven es porque hay cristianos”.
El religioso, que lleva cinco años en el país, también reivindica que “la situación actual es inestable, lo que hace mella en una población cansada y asqueada de que una y otra vez se vaya repitiendo todo. Prácticamente todos los cristianos y gran parte de los sunitas, de los drusos y otros grupos, comparten este sentimiento. E incluso una facción de los chiitas, grupo en el cual surge Hezbola, están hartos de la milicia. Va perdiendo popularidad y ya no es lo mismo que ocurrió en 2006, cuando muchos jóvenes los apoyaron cuando plantaron cara al ejército israelí, que también entonces entró por tierra”.
Para Corral, “Hezbolá quedó en evidencia en el inicio del conflicto contra Israel, en octubre de 2023, cuando salió en apoyo a Hamas. La consecuencia para nosotros se tradujo en numerosas bajas y desplazamientos, tanto en Israel como en Líbano. Solo aquí hubo millón y medio de personas que tuvieron que abandonar su hogar, con el problema humano que esto supone”.
Drama humano
De ahí su clamor final: “El drama humano fue grande y grave. Y ahora lo es. Las personas están cansadas. Podemos quedarnos en cifras, fechas, desencuentros, conjeturas, explicaciones, razones. Pero seguimos igual. Y la situación va a endurecerse y alargarse. Israel ha dicho ‘basta ya’ y, más allá de contextos políticos, militares, sociales o religiosos, es algo que se vive… y se padece. Todos sentimos tristeza y dolor, más incluso que miedo. Las personas que mueren tienen padres, hermanos, hijos, esposos, amigos… El desgarro es grande y está en todos”.
De ahí que apele a la esperanza: “Israel necesita de Líbano y Líbano de Israel. Algo tenemos que cambiar. Se tardará, pero se conseguirá…. Desde el dolor y la querencia de paz y prosperidad de la gente, exploremos nuevos escenarios posibles”.
A nivel personal y de fe, trata de mirar a lo alto en medio de esta terrible crisis humanitaria: “Muchas veces, lo vivo con la mente en blanco. En silencio, delante de mí, de los demás y de Dios. Pensando en esas personas que sufren. No digo que me refugie en el silencio, sino que en el silencio y en el dolor vivo este drama. Es una realidad que está construida así y es en la que tengo que construir mi realidad. No es dejación por impotencia. Es plantar tu vida donde casi no hay tierra porque tienes que vivir”.
Clima de paz interior y comunitario
De ahí que reclame que “será la paz la palabra que más se oye en el ambiente y en la oración personal y comunitaria. Es posible que también se silencie, pero está presente. Se aprecia en la comunidad marista que esta situación; como por reacción natural, está llevando a cada uno a cultivar un clima de paz interior y comunitario. Somos ocho hermanos de seis nacionalidades diferentes: Siria, Líbano, Camerún, Costa de Martil, Italia y tres de España. Cada uno con sus ‘cadaunadas’, procuramos entendernos, fortalecer la fraternidad como hermanos de María y la situación nos está llevando de la mano. Ha surgido, como digo, de forma natural. Lo percibo. En situaciones desconcertantes siempre florecen otras situaciones que conciertan”.
Además, “estamos, por el momento, en una zona segura, aunque oímos el ruido y el eco de las bombas y vemos el humo bien localizado de la destrucción. Estamos a unos 13, 5 kilómetros de la Plaza de los Mártires Libaneses, a unos 20 de la zona más castigada (menos distancia en línea recta). Y, eso sí, vivimos con el bullicio y la vida de más de 3.000 alumnos, desde Infantil a 2º de Bachillerato. Con ellos respiramos y vivimos esperanza. Vamos haciendo camino”.
En medio del ensordecedor eco de la guerra, Corral tiene muy clara la razón por la que está aquí: “Tenía 11 años cuando fui a la casa de formación marista de Pamplona, aunque yo quería se sacerdote. ¿Por qué? Me sentía cómodo en el entorno de la Iglesia entendida como comunidad. Rezaba. Creo que rezaba. Luego descubrí la tarea del educador. Me iban bien las matemáticas y me gustaba explicar los problemas a los compañeros. Evidentemente, confundía consagración-misión con tarea a realizar. Confundía muchas cosas”.
Vocación en el caminar
Hoy, “la vocación la entiendo como un continuo que se va descubriendo mientras se camina, con dificultades, pero que, aplicando los medios apropiados, va aflorando en la existencia. Como una de esas funciones matemáticas que no se sabe por dónde cogerlas, pero a través de Series de Fourier, de derivadas u otras herramientas, se va perfilando su grafía o funcionamiento. Es como el hombre, la persona, que es hombre en la medida que en su existencia se hace hombre, según el marco de la filosofía existencialista”.
Así, “tras unos años de formación inicial, el postulantado y noviciado, realicé estudios de Filosofía y Teología; luego, Magisterio en Salamanca, y estaba listo para impartir clases. Más tarde, estudié Ciencias Exactas”. Posteriormente, “me moví entre la clase, la dirección de algún colegio o mi experiencia como terapeuta en Proyecto Hombre de Burgos y como voluntario en las cárceles de Dueñas, en Palencia, y Villanubla, en Valladolid”.
Hasta que llegó el momento clave: ser misionero. Fue en julio de 2019: “Realicé un voluntariado en el Proyecto Fratelli, que los maristas compartimos con religiosos de La Salle cerca de Saida (antiguo Sidón), aquí en Líbano. El Provincial de Mediterránea, Juan Carlos Fuertes, me invitó a conocer la obra marista en Alepo, Siria, en la asociación de los Maristas Azules. Y allí mismo, tras ver la obra que se estaba realizando de reconstrucción de personas, no solo de la ciudad de Alepo, me puse a su disposición para que pudiera ser el lugar de mi destino, y efectivamente, estuve destinado para Alepo”.
La pandemia lo cambió todo
Pero “la pandemia del Covid lo cambió todo. Líbano abrió antes las fronteras, y aquí estoy. Ya llevo cinco cursos. Hasta este año, estuve en la comunidad marista de Jbeil, la antigua Biblos. Y, en el presente curso, imparto clases en el colegio marista de Champville, cerca de Beirut, la capital”.
En ese ámbito concreto, se da por entero. Pero aclara: “Nosotros no acompañamos, sino que nos acompañamos. Tanto en la comunidad educativa como, a nivel social, nos acompañamos. Me siento agradecido a lo que Líbano, con su realidad, me ofrece. Es casi como en Proyecto Fratelli. No fui tanto terapeuta de o en, sino que ese espacio fue mi terapeuta. Son realidades que te ayudan a situarte en tu realidad más profunda”.
Aunque a veces cuesta: “Tras la muerte del sacerdote católico de rito maronita, Pierre el Rahi, que perdió la vida al salir a atender a heridos en un bombardeo anterior, en la desesperación, la gente se está uniendo para no solo para pedir un alto al fuego, sino para cambiar la situación. En el dolor y en el abandono surge con fuerza la solidaridad. No estoy en la crudeza del fuego cercano, pero sí he convivido con personas desplazadas que te fortalecen. No les ayudo yo, me ayudan ellas”.
“Es normal, es el Líbano”
Lo que ilustra con una anécdota: “Es cierto que hay desánimo y aceptación forzada de la realidad. El otro domingo, paseando por el recinto del colegio, tras una buena noche de estampidos, hablaba con un vigilante y le decía que había habido mucho ruido de bombas. Y él me respondió: ‘Es normal, es el Líbano’. ¿Cansancio, apatía, impotencia, refugio?”.
Por ello, reclama que “la vida sigue en Líbano, como en España. No pensemos que esto es desolación. Hay vida. Los que vivieron la guerra del 75 al 90 no quieren que sus hijos tengan la misma experiencia que ellos. Hay un deseo de paz. Muchos dejan el país, pero otros se mantienen porque, en el fondo, lo que quieren es ver el Líbano de las décadas de 1950, 1960 y hastas principio de la de 1970.
Tras tantos años de dificultades, ¿qué hace que el pueblo libanés mantenga la fe? Corral no duda: “Hace poco, León XIV les dijo esto: ‘Ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valentía. Su resiliencia es una característica imprescindible de los auténticos constructores de paz: la obra de la paz, en efecto, es un continuo recomenzar’. ¿Es posible? Pues claro que tiene que ser posible. Tiene que haber soluciones”.
Avances en el Gobierno
En concreto, “el 9 de enero del pasado año, tras las elecciones de mayo de 2022 fue nombrado, por fin, un presidente. Joseph Khalil Aoun aceptó la presidencia. Como es natural, no le conozco personalmente, pero sí a personas que tuvieron trato con él. Está considerado como una persona noble y buena, bien formada, con experiencia contrastada. Y, el 8 de febrero de 2025, Nawaf Salam aceptó la propuesta del presidente para ser el primer ministro. Empieza a haber Gobierno. Los dos tienen una idea clara. Si bien se encuentran con muchas dificultades exteriores e interiores. La gente tiene presente promesas incumplidas de reconstrucción del país… La sombra de Hezbolá es casi tan larga como los milenarios cedros. Y el Gobierno libanés está envuelto en ella”.
En este punto, el marista eleva su reflexión: “Me digo que, si las acciones militares no están resolviendo los problemas, si las acciones diplomáticas, políticas de cualquier clase no están solucionando los problemas, habrá que pensar en qué elementos nuevos se pueden introducir. Y ahí tengo presente a la neurociencia, reclamando la intervención neuroestratégica para conflictos de alta intensidad”.
Un punto en el que vuelve a uno de los discursos del Papa al pueblo libanés, donde subrayó “el papel imprescindible de las mujeres en el arduo y paciente compromiso de custodiar y construir la paz. No olvidemos que las mujeres tienen una capacidad específica para trabajar por la paz, porque saben custodiar y desarrollar vínculos profundos con la vida, con las personas y con los lugares”.
Apuesta por la neurociencia
Acudiendo a autores como Nazaret Castellanos, Marian Rojas Estapé, Mario Aloso Puig o Judit Domínguez Borrás, “descubrí la importancia de estas tres estructuras cerebrales: El sistema Reticular Activador Ascendente (SARA), la Amígdala y el Córtex Cerebral”. Por lo que apunta: “¿Por qué no pensar introducir ‘Metas de Supervivencia Mutua’, dejando la ‘lógica fría’ y, tal vez, empezar a usar ‘hackeos neurobiológicos’ que obliguen a los cerebros a salir del modo guerra?”.
De esta forma, “se puede construir una narrativa de Supervivencia Mutua, de Territorio Compartido, de Futuro Robado al siempre devenir o adelantado… Y pensar en cómo sería la vida de los jóvenes de ambos lados en 20 años con paz vs con guerra. De esta forma, el enemigo se convertía en socio necesario. La guerra es un error de cálculo; la estabilidad es la única victoria sostenible. El dolor de una madre o un hijo es una constante biológica en ambos lados de la contienda”.
Y es que “los ríos libaneses Litani y el compartido río Hasbani pueden construir un referente de futuro compartido, así como el gas y el petróleo encontrado en la frontera libano-israelí. Isarel y Líbano se necesitan mutuamente. Tienen más que ganar si conviven en paz que perder si siguen así”.